Los atentados del 11-S en Nueva York por parte de Al Qaeda hace 25 años pusieron en alerta a Estados Unidos, hasta el punto de incrementar considerablemente su gasto en seguridad nacional. Según la Oficina de Administración de Presupuesto (CBO, por sus siglas en inglés), desde la creación del Departamento de Seguridad Nacional en 2003, tras los atentados, los gastos destinados a dicha entidad han ascendido a más de 1,1 billones de dólares hasta 2025.El trágico suceso, que se cobró la vida de casi 3.000 personas y dejó 25.000 heridos, provocó una expansión estructural del gasto federal estadounidense en seguridad interior y contra el terrorismo. La CBO calculaba ya en 2012 que el Gobierno había gastado, en solo diez años, más de 500.000 millones de dólares en esta partida de seguridad nacional. Más de una década después, el Departamento de Seguridad Nacional gestionaba un presupuesto superior a 100.000 millones de dólares anuales, mientras que nuevas iniciativas de seguridad seguían generando aumentos cuantificables del déficit federal.

De hecho, el gasto en esta partida sigue aumentando, con nuevas medidas que sumarán desde 2026 hasta el año 2035 más de 32.000 millones de dólares.

Según el estudio Costes de la guerra, publicado por el Watson School of International and Public Affairs, de la Universidad de Brown, la creación de la nueva agencia de Seguridad Nacional, con rango ministerial, tras el 11-S, con la misión de prevenir, responder y recuperarse de los ataques terroristas, "constituyó la mayor reorganización del gobierno estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial".