Como miembro de la familia Oriol, fundadora de Talgo y de Hidroeléctrica Española (Hidrola), Mónica de Oriol e Icaza (Madrid, 1961), lleva en su sangre la filosofía del emprendimiento empresarial. Expresidenta del Círculo de Empresarios, defiende la estructura familiar como base empresarial abierta a las necesidades externas de capital y de talento aunque eso implique perder el control de lo construido hasta entonces.Defensora acérrima de la separación de la esfera empresarial de la política, Oriol analiza con El Economista la opa de Talgo y el éxito de Iberdrola, con la vista puesta en el pasado y en el presente de una sociedad que, entre otras cosas, compite por la atracción de profesionales, da pasos hacia la conciliación e intenta generar nuevos proyectos empresariales.

-¿Cree que la empresa familiar como modelo corre el riesgo de desaparecer?

-La empresa familiar es un legado difícil de mantener. Suele decirse que el abuelo lo crea, el hijo lo multiplica y el nieto lo destruye. Hay una empresa japonesa que tiene 700 años, y entre las más longevas aparecen una sueca, una francesa y una italiana, pero lo normal es que aguanten cuatro o cinco generaciones, no más. ¡Hay tantos elementos que pueden romperla...!