El niño probeta llegó a los cines de Ecuador y su directora, Carolina Hernández, visitó Quito y Guayaquil hace unos días para compartir con el público. Nacida en el Puerto Principal, pero criada en Huaquillas, El Oro, está emocionada de ver cómo su película se independiza y adquiere vida propia al iniciar su recorrido por las salas ecuatorianas. De los primeros días de estreno dice que fueron la verdadera prueba de ver si las risas y las emociones caían en los momentos que ella imaginaba. Spoiler: la gente ríe y se emociona cuando quiere. “Eso es lo bonito”, dice Hernández, quien estudió cine en Argentina después de haberse graduado en Ecuador como abogada, una carrera que decidió no ejercer. El filme tiene momentos de comedia, pero no es solamente eso. Plantea una pregunta: si pudieras elegir cómo será tu hijo desde antes de nacer, ¿qué pedirías? Mientras lo pensamos, vamos al reparto, mayoritariamente ecuatoriano, excepto un actor peruano. “Es un elenco extenso porque tenemos que configurar una familia de un pueblito andino, mestiza, de las que siempre se junta a comer, las puertas de la casa siempre están abiertas. Fue un reto importante porque hace ocho años, después de tener una primera versión de guion, empezamos a buscar a los padres y nos encontramos con el dilema de que los actores con mucha experiencia en cine, publicidad o televisión eran, en su mayoría, blancos”. PublicidadEl siguiente paso fue buscar actores de teatro y actores naturales, y en este último hallaron a quien sería el padre, Alejandro Taday: nunca había estado ante una cámara. “Pero claro, tenía un talento fenomenal y apareció en Facebook. Hicimos la pregunta que reza el cartel y él respondió”. Con el video que envió, en sus silencios, sus miradas, sus gestos y su reflexión ante el tema, pasó el primer test para ser Miguel. El siguiente fue comprobar su química con quien sería Susana, su esposa en la ficción, la experimentada actriz y productora Citlali Andrango Cadena. Susana y Miguel acceden a un programa que les permite decidir las características físicas de su hijo, y lo eligen blanco y rubio, dejando en shock a su familia y a su pequeña comunidad. Nadie entiende por qué. ¿Acaso creen que eso los hace mejores que el resto? “Yo quería que sea una película en un tono completamente naturalista, muy cerca a las reacciones que tenemos como sociedad”, indica Hernández. “Vengo de un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce. Eso es muy bonito, pero también hay cosas más duras. La crítica es más directa. Opinar de todo se vuelve el pan de cada día”. La premisa es pura ciencia ficción, un tratamiento genético costoso con el que se puede pedir a los hijos como por un catálogo. “La OMS lo prohíbe, no es ético cambiar las características físicas de un embrión. Yo me preguntaba, si esto existiera, ¿cómo reaccionaríamos?”. En la cinta, una parte de la población lo critica porque no lo considera ético; otra es conservadora. La abuelita, por su parte, muestra gran desconfianza ante el proceso porque le parece antinatural y alega que el niño no fue hecho por los padres, sino por “unos locos en un laboratorio”. PublicidadPublicidadEsa cuestión ha sido la herramienta de experimentación de Hernández durante años, pues para crear las reacciones de sus personajes consultó a toda la gente que pudo. “Al principio, muchos decían que no le cambiarían nada (a su bebé). Pero luego, cuando indagabas más, decían: ‘Bueno, que sea un poquito más alto o que sea un poquito más blanco’. El problema de esta historia es que también había un factor que tenía que ver con la identidad y el racismo, hay un privilegio todavía en muchos aspectos de la vida del blanco. Ya no solo entraba el tema de que salga sano, sino que salga más blanco, porque va a tener mejores oportunidades, y eso es muy triste. La película no quiere huir de esa idea; es más, nace en mi cabeza desde ese lugar”.Sin tono acusatorio. “Yo no voy a apuntar a nadie, porque formo parte de la problemática. Para mí era muy importante no juzgar a estos padres, a mis personajes, sino entender por qué tomarían una decisión como esa. Acompañarlos en ese viaje y entender por qué mucha gente elegiría cambiar a su hijo si le garantizan que va a tener una vida mejor. En redes sociales recibimos muchos comentarios: ‘Eso no es no es racismo, es realismo’. La gente piensa así”.“En Ecuador, lo público se vuelve esencial para hacer cine”Y ya que hablamos de gente que sale del canon, ¿qué tal una abogada que deja todo para estudiar cine? “Yo, la verdad, he tenido la suerte de tener una familia que me ha apoyado siempre, si no, no hubiera podido aguantar los diez años de desarrollo de esta película y aguantar en esta profesión. Le debo a mi familia la oportunidad, la confianza, el apoyo económico para estudiar”, agradece Hernández, aunque sabe que hacer cine todavía no es visto como “lo más normal” o “un trabajo real”, pero sí es cada vez más aceptado y trascendente. “Yo motivo a la gente: sí es una posibilidad real hacer cine en nuestros países; tenemos historias, paisajes, personajes y problemáticas que valen la pena, que no solo son importantes para nosotros, sino para el mundo. Podemos llevar estas historias locales arraigadas en nuestros contextos y en nuestros territorios, exportarlas y que la gente empatice”. A los 37 años, Hernández ha experimentado ese despertar del cine. “En mis tiempos era una carrera difícil. Espero que ya no lo sea”. El niño probeta no nació desamparado; es una coproducción de Ecuador (Tito Jara), Perú (José Fernández del Río) y España (Rafael Álvarez); ganó el Fondo del Instituto de Cine y Creación Audiovisual de Ecuador (ICCA). “Es muy difícil hacer una película en el Ecuador sin concursar en fondos públicos; desde hace ocho años ya hay una empresa detrás de este proyecto. Hemos tenido el respaldo del ICCA en todas sus etapas, en los diferentes gobiernos que ha tenido el país durante esos años”, enumera. Además, consiguieron el apoyo de DAFO, el fondo gestionado por la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios del Ministerio de Cultura de Perú, y el fondo de Ibermedia para coproducciones iberoamericanas.PublicidadAsí se fue al Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, al Festival de las Alturas en Argentina, al Turicine en Quito y próximamente al Festival de cine de Trieste. en Italia. “Me pone muy contenta, porque actualmente vivo en Madrid, entonces era muy importante que este trabajo de tantos años se viera afuera. Trieste es un festival relevante en la industria. Es un privilegio mostrar personajes como nosotros, gente como la nuestra, fuera de nuestras fronteras, del otro lado del océano. A nosotros nos encanta ver cine de afuera. ¿Por qué a alguien de afuera no le va a gustar ver nuestro cine?”, cuestiona. La directora eligió la ciencia ficción como punto de partida porque es un género que, al igual que la comedia, le permite ahondar en asuntos éticos y humanos. “Te ponen en esos dilemas que no tienen respuestas fáciles; porque El niño probeta no tiene una respuesta única o fácil, no dice que lo que hicieron está bien o está mal. Deja el tema sobre la mesa. La ciencia ficción tiene eso, pone al ser humano en constante debate sobre determinados avances tecnológicos y científicos. Y también me gusta mucho la comedia, El niño probeta tiene algo de humor, porque así podemos transitar temas que, desde otro lugar más dramático, nos costaría”. Hernández no solo dirige, por supuesto. En Madrid da clases de actuación frente a la cámara, de escritura de guiones y trabaja en distintos proyectos audiovisuales. Antes de salir para Ecuador recibió la buena noticia de que ganó el fondo de la Comunidad de Madrid de producción de cortometrajes para realizar un cortometraje en el que ha estado trabajando por años. Apenas termine la promoción de El niño probeta se sumergirá en la realización de El hijo de mi hermana. Tiene en reserva un largometraje en España y otro en Ecuador. “Siempre voy a querer hacer historias en mi país, pero ahora quiero irme a la Costa, que es donde yo crecí”. (F)