Sorpresa en Europa. Alemania está asombrada por el triunfo del partido ultraderechista, “Alternativa para Alemania” (AfD), que acaba de tener una importante victoria en una de las regiones de ese país. El último partido de pensamiento similar —extrema derecha— que ganó una elección en ese lugar provocó la Segunda Guerra Mundial; ahora, esos ultras están a un paso de tener mando sobre la policía, cuando hace tiempo los propios alemanes discutieron, incluso, la ilegalización de ese partido. La alarma está justificada. AfD nació en el mismo año que se empolló Morena. Pero más allá de la coincidencia de calendario, la semejanza brutal es su megarrelato de una reinterpretación de la historia, que reivindica de manera maniquea la lucha por el poder en Alemania, igual a las “cuatro transformaciones morenistas”. La corriente histórica desemboca en “mi” pensamiento; existe un auténtico glosador del pasado. La historia es una herramienta más de justificación de “mi” poder y está llena de auténticos y puros, contra deformados y malvados. De enemigos y amigos, nunca mejor citado Carl Schmitt. Quebrar la identidad alemana de Konrad Adenauer (que buscó una “economía social de mercado”) es el primer triunfo de los ultras; romper la identidad mexicana mestiza es el intento de perpetuidad cultural que intentó en su gobierno López Obrador, escribió en su reciente libro y legó a la presidenta. Pero el asunto idéntico es el etnonacionalismo de Morena y de la ultrafascista alemana. No es exageración. Es ese argumento racial, de “alemanes-alemanes”, auténticos teutones, que solo ellos encarnan la esencia de la nación. Nada diferente a ese nacionalismo étnico de Morena, que enfrenta a los pueblos “originarios” contra los “no originarios”. Saqueadores estos, buenos aquellos. ¿Prueba? La iniciativa de la presidenta Sheinbaum para abolir la doble nacionalidad y pegarle un letrero en la frente de “sospechoso de traidor a la patria” a los mexicanos que tienen una nacionalidad norteamericana, porque trabajan allá, porque sus hijos nacieron allá, porque tuvieron que migrar, porque envían dinero a sus familias en Michoacán, Zacatecas, etcétera. ¿No es nacionalismo racial, tipo alemán, previo a la Segunda Guerra Mundial, segregar a unos mexicanos de otros y convertir a Morena en el certificador de los “legítimos” mexicanos? ¿El gobierno dará certificados de mexicano fidedigno? Los triunfadores alemanes no quieren saber nada de los musulmanes, ni turcos, ni nadie… Aquí ya vemos los eventos de la presidenta, cómo se repudia al adversario, se llame Pablo Lemus en Jalisco, Tere Jiménez en Aguascalientes; y ya dijo sin tapujos la presidenta que no se reunirá con la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz. ¡Listo! No nos extrañen los pogromos. Diputado federalÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.