No veo por qué una constitución que en su preámbulo invoca la protección de Dios y que en su artículo 18 garantiza la libertad de conciencia, seguido del que garantiza la libertad de cultos y que toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y difundirla en forma individual o colectiva, no le permita al presidente de la República terminar sus discursos con la exclamación religiosa “¡Viva Cristo Rey!”. Las libertades de culto y expresión no pueden ser limitadas por la ley. “Las libertades de culto y expresión no consagran una competencia legislativa que pueda restringir su práctica, lo que sí sucede con otros derechos fundamentales como el derecho de petición, la libertad de escoger profesión u oficio y el derecho de asilo, entre otros. Ello significa que al legislador no le es dado limitar por vía legal ciertos derechos colocados por el constituyente fuera de la órbita de acción de las autoridades. Desde luego, si las libertades de culto y de expresión dan lugar a la conformación de una reunión pública, esta última, en cuanto tal, en los términos del artículo 17 de la Constitución Política, queda sujeta a las limitaciones que de manera expresa establezca la ley”, dice la Corte Constitucional en su sentencia T-403 de 1992.Sin embargo, los sabios de la Academia, considerados grandes constitucionalistas, con excepción del exfiscal Alfonso Gómez Méndez, sostienen que Colombia es un Estado laico y que el presidente Abelardo de la Espriella se burla de la Constitución. El profesor Ramiro Bejarano Guzmán afirma que el presidente se excusó sin excusarse por haber dicho lo que le está vedado, pues, como símbolo de la unidad nacional, no puede invocar sus personales creencias católicas en ningún sentido, ni menos ampararse en el pluralismo religioso que ultrajó.Para Gómez Méndez, conocedor como pocos de la historia constitucional de Colombia, todas las leyes con el carácter de cartas magnas, con la excepción de la de Rionegro, invocan el nombre de Dios. También vale la pena registrar que otro que coincide con De la Espriella es el gran caricaturista y abogado, el maestro Héctor Osuna, quien alrededor de un tinto con azúcar manifiesta: “¡Ave, Avee, Abelardo! No nos molesta su religiosidad; la compartimos”.Lo mejor entonces sería una reforma constitucional que aclare el sentido de que toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y (sic) difundirla, excepto el presidente de la República. Laureano Gómez, quien protagonizó grandes debates contra los grandes jerarcas de la Iglesia católica, en su posesión de jefe de Estado, proclamó su máxima: “Somos briznas de yerba en las manos de Dios”.Lo que nos conviene es que este debate no nos distraiga de los grandes problemas de la Nación, a saber, el déficit fiscal que ahora se supone es del 8% del PIB, y la inseguridad en varias regiones del país.
Invocando la protección de Dios
Lo mejor sería una reforma constitucional que aclare el sentido de que toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y difundirla, excepto el presidente de la República








