OpiniónResulta peligroso confundir la defensa de la libertad religiosa con la utilización de las instituciones educativas como centros de adoctrinamiento.ESCRITOR Y PERIODISTA07.09.2026 22:01 Actualizado: 07.09.2026 22:01 Estas tres cosas suelen aparecer separadas en las conversaciones públicas, pero en la historia de las sociedades han estado profundamente entrelazadas. Allí donde ha existido una institución religiosa organizada ha existido también un afán por educar, transmitir creencias, formar conciencias y, de una u otra manera, ejercer poder. Y allí donde se ejerce la política, las religiones han sido un aliado o un contradictor demasiado importante como para ignorarlo.Durante siglos, las iglesias no solamente administraron templos: administraron escuelas, universidades, hospitales, obras de beneficencia y buena parte de los mecanismos mediante los cuales una sociedad transmitía sus valores de una generación a otra. Educar ha significado, en buena medida, formar creyentes y reproducir una concepción del mundo. Sin duda es enorme el aporte cultural, intelectual y social de muchas instituciones religiosas, pero detrás de la misión espiritual también han existido intereses muy terrenales: ganar adeptos, preservar autoridad, ampliar influencia y generar recursos económicos para sostener y expandir su presencia social.La política, por su parte, aprendió muy pronto el valor de la religión. Los gobernantes han buscado legitimidad apelando a la autoridad divina; los partidos han encontrado en las organizaciones religiosas de diversa índole redes de apoyo; y los candidatos han comprendido que compartir símbolos, convicciones y lenguajes religiosos puede convertirse en una poderosa herramienta para construir identidades electorales. Además, hemos visto cómo determinadas iglesias se convierten en actores políticos explícitos y cómo algunos políticos convierten sus convicciones religiosas en parte central de su identidad pública.Conviene tener claro que una cosa son las organizaciones religiosas, y otra muy distinta, la experiencia religiosa de las personas. Millones de seres humanos se preguntan por el sentido de la existencia, por la muerte, por el sufrimiento, por el bien y el mal, por el origen del universo y por aquello que puede existir más allá de nuestra vida. Esas preguntas no pertenecen a ninguna iglesia. Son anteriores a ellas y probablemente sobrevivirán a todos los credos.La educación pública en un Estado laico no tiene que ser antirreligiosa. Tiene que ser plural.La fe individual, la espiritualidad y la búsqueda de trascendencia nacen de una dimensión profundamente humana. Pueden expresarse en una religión organizada, pero también fuera de ella. Por eso resulta peligroso confundir la defensa de la libertad religiosa —un derecho que merece plena protección— con la utilización de las instituciones educativas como centros de adoctrinamiento de una determinada organización confesional.El debate vuelve a Colombia a propósito del proyecto de decreto impulsado por el actual Ministerio de Educación. La propuesta abre la posibilidad de contratar con iglesias y confesiones religiosas para asesorar proyectos educativos y estrategias pedagógicas en establecimientos oficiales, lo cual es diferente a contratar la administración y gestión con organizaciones laicas o religiosas de probada experiencia educativa, como se ha venido haciendo hace tiempo. Más allá de la polémica jurídica o política, la pregunta es más profunda: ¿cuál es la responsabilidad y cuáles los límites que nuestra Constitución asigna al Estado para la formación de las nuevas generaciones?La educación pública en un Estado laico no tiene que ser antirreligiosa. Tiene que ser plural. Su tarea no es fabricar creyentes ni ateos, sino formar personas capaces de pensar, preguntar y decidir libremente. Precisamente por eso necesita mantener distancia frente a cualquier organización política o religiosa que pretenda convertir la escuela en instrumento para ampliar su propio poder.Aunque se veía venir, no parece sensato que estas sean las preocupaciones prioritarias de un gobierno al que le corresponderá resolver los enormes problemas de calidad, cobertura e inequidad que afectan a grandes sectores de la sociedad.fcajiao11@gmail.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
Educación, religión y política
Resulta peligroso confundir la defensa de la libertad religiosa con la utilización de las instituciones educativas como centros de adoctrinamiento.








