Casi todos van a peor y nosotros más deprisa. Según el Informe PISA, en 10 años la comprensión lectora de los alumnos españoles ha caído 45 puntos. Han retrocedido algo más de dos cursos. El conjunto es deprimente e incluye sorpresas. Una es la caída de algunas comunidades ricas, como el País Vasco, que ahora está solo por encima de Ceuta y Melilla. Su retroceso hace pensar en efectos negativos de las políticas lingüísticas. Está por ver que ayuden al euskera y, desde luego, parece que perjudican a los estudiantes. Cataluña fue descartada por hacer trampas y también han hecho trampas, aunque menos, Murcia y Baleares.Los mejores resultados se producen en comunidades densamente pobladas, ricas y con mucha inmigración, como la Comunidad de Madrid, u otras menos habitadas, con población más dispersa y menos inmigración, como Castilla y León o Asturias.Otra de las sorpresas, aunque ya lo habían indicado Dulce Manzano y Héctor Cebolla, es la caída de los más favorecidos. Se produce una igualación a la baja. Los expertos sugieren explicaciones. Algunos, como Lucas Gortazar, apuntan el mayor uso de la inteligencia artificial. Otros señalan la explosión de los vídeos breves, más que las pantallas en sí. (A los inmigrantes les va mejor que en otros países; el factor lingüístico también es importante en este aspecto).Entre los casos curiosos está el contraejemplo de Inglaterra, que obtiene buenos resultados. Si en 2012 estaba entre los puestos 20º y 25º, ahora aparece entre los 10 primeros en todas las categorías. Una hipótesis es la resistencia a las modas educativas. Tampoco hay que apresurarse, porque la resistencia a las modas puede convertirse en otra moda, pero los datos recuerdan la primera ley de la política del historiador Robert Conquest: todo el mundo es conservador acerca de aquello que conoce bien.En el caso español, los melancólicos reclaman un pacto de Estado (entre partidos que han ido empeorando el sistema: quizá porque si se ponen de acuerdo pueden hacerlo más deprisa). En el campo de las convicciones casi religiosas, algunos recomiendan la recentralización (con el argumento de que eso igualaría, como si al desaparecer las transferencias se esfumaran las diferencias) y otros la reducción de ratios (que tampoco es una solución automática). Para las mentes más sutiles, el problema está en la prueba en sí: si no nos gusta el resultado, impugnamos la medida. Y, por supuesto, sabemos que es un asunto complejo, donde influyen una multitud de factores y causas, y donde toda la culpa es de nuestro adversario político.
Fracaso escolar y fracasos de país
Los melancólicos reclaman un pacto de Estado entre los partidos que han ido empeorando el sistema educativo











