Lo más probable es que Carlos II, cuando murió en 1700, no imaginara que España se iba a ver dividida en un terrible conflicto. Unos apoyaron al heredero que él había designado, Felipe V, duque de Anjou y nieto de Luis XIV. Otros se decantaron por el archiduque Carlos de Austria. Entretanto, las potencias europeas intervinieron para hacer valer sus intereses. Había que evitar que España se uniera a Francia o que lo hiciera a Austria, de forma que se constituyera un bloque de poder que desequilibrara la estabilidad de Europa.La guerra de Sucesión (1701-1714), si la contemplamos de cerca, puede depararnos algunas sorpresas. Muchos la imaginan como una confrontación entre Catalunya y España, pero eso no es cierto. Catalunya, como Aragón, Valencia y Mallorca, reconoció como rey, frente a Felipe V, al archiduque Carlos de Austria, pero este pretendía ser monarca de toda España, no solamente de Catalunya. Como ha señalado Ricardo García Cárcel, uno de nuestros principales modernistas, la contienda enfrentó a los partidarios de la España vertical, simpatizantes de un modelo centralista, con los defensores de la España horizontal, o federalista.Se ha dicho, desde una perspectiva nacionalista, que el Estado Catalán concluye en 1714 con la derrota en el conflicto. Ahora bien, Catalunya había sido gobernada por un virrey y carecía de política exterior propia; no se puede afirmar que fuera independiente hasta esa fecha. Además, en los documentos de la época es posible encontrar expresiones que sugieren la pertenencia a un todo mayor. Así, en 1713, un folleto titulado Despertador de Catalunya se queja de que los catalanes están defendiendo sus libertades sin el auxilio del “resto de España”. En los Dietarios de la Generalitat se hallan comentarios en la misma línea, como cuando se afirma que la nobleza catalana se situaba “entre la más ilustre y acrisolada de España”.Es fácil hacer la equivalencia entre la oposición catalana a Felipe V y un sentimiento anticastellano. La realidad no fue así, tal como muestra un poema de propaganda austracista titulado Doctrina Vigatana, posiblemente de 1705. Sus versos llaman a catalanes y castellanos a actuar como “buenos amigos” frente a la escoria francesa. En esos momentos, la fobia antigala obedecía a diversas razones, desde el recuerdo de las guerras contra Luis XIV, en las postrimerías del siglo XVII, al temor de que la preponderancia económica de París perjudicara el comercio local.Felipe de Francia, duque de Anjou, proclamado rey de España como Felipe VChâteau de Chambord / AurimagesLa Catalunya que se unió a Carlos de Austria, por tanto, se proponía la conquista del conjunto de la monarquía hispana. Esta es la idea que refleja un romance de la época, dado a conocer en 1705: si los catalanes poseen suficiente valor para conquistar el mundo, con más razón podrán solo con España. Los austracistas, pues, no pretenden separarse de Madrid, sino desempeñar un papel activo en los asuntos de la península. Un impreso contemporáneo, publicado en Barcelona y citado por Joaquim Albareda en La guerra de sucesión de España (Crítica, 2010), explicaba que “Carlos Tercero es rey Verdadero de toda España, que empieza reinar en Catalunya”.En la misma línea, la ciudad de Barcelona se dirige al archiduque en 1711 para expresar que los catalanes, mientras les quede aliento, defenderán con toda su sangre su derecho a la sucesión de “todos los dominios de España” (Dietaris de la Generalitat de Catalunya, vol. X, p. 1126).Dos años después se publica, en Barcelona, un folleto en castellano donde se explican las razones del Principado de Catalunya para tomar las armas en favor de Carlos, “tercero de este preexcelso nombre en la Monarquía de España”. El documento concluye con la esperanza de ver cómo el soberano vence a los franceses.El archiduque, a su vez, deseaba “ver reducida toda la monarquía de España a mi suave y legítimo dominio”. En el momento en el que hizo esta afirmación, sus tropas ya habían ocupado Madrid en dos ocasiones. En ambas fueron recibidas con frialdad y tuvieron que retirarse al poco tiempo.Retrato del Archiduque Carlos en el puerto de Barcelona, óleo de Frans van StampartDominio públicoComo señaló el hispanista francés Pierre Vilar, el patriotismo de la Catalunya de 1714 “no es solamente catalán, sino español”. Lo podemos comprobar con lo que sucede durante el asedio borbónico a Barcelona, que concluirá con la entrada de las tropas del duque de Berwick. El general Antonio de Villarroel, al arengar a las tropas que defendían la ciudad, les recordó que combatían “por nosotros y por toda la nación española”. Pero es evidente que esta españolidad se vive desde una sensibilidad periférica: desde hacía mucho tiempo existía una crítica fuerte a los castellanos que actuaban como si ellos fueran los únicos españoles auténticos.Bandos y clasesLa nación constituía un factor de identidad, pero, en ocasiones, los intereses de clase se imponían a otro tipo de adhesiones. Núria Sales, en Els botiflers (Rafael Dalmau, 1981), cuenta que, hacia el final de la guerra de Sucesión, determinados miembros de la élite austracista ayudaban a sus enemigos felipistas a entrar en algunas ciudades. Preferían eso a que fueran los sectores populares los que se hicieran con el control de una zona.La guerra de Sucesión puede interpretarse como un combate entre el centralismo y el autonomismo. No obstante, este esquema es demasiado simple. Vascos y navarros conservaron sus fueros hasta el siglo XIX, cuando el Estado liberal los suprimió tras la derrota del carlismo. ¿Por qué está diferencia? Ellos apoyaron durante la guerra a Felipe V. En Catalunya, en cambio, la mayoría estuvo del lado del caballo perdedor.Debemos tener en cuenta, además, que los primeros en suprimir la Generalitat no fueron los borbónicos, sino los propios austracistas. Salvador Sanpere i Miquel (1840-1915), un historiador nada sospechoso de españolismo, señaló en Fin de la nación catalana que la responsabilidad de esa medida la tuvo el Consell de Cent, el órgano de gobierno de la ciudad de Barcelona, que dio un “golpe de Estado” el 26 de febrero de 1714. De esta forma, las discordias internas debilitaron, aún más, la causa de los defensores de la ciudad condal.¿Qué sucedió tras la ocupación militar por parte de los ejércitos borbónicos? En lo político, Catalunya perdió su autonomía con la abolición, a través del Decreto de Nueva Planta, de las antiguas constituciones. Sin embargo, en lo económico, se vivió una etapa de extraordinario crecimiento que se debió al mercado español, que ese momento era muy importante no por la península, un territorio pobre, sino por los inmensos dominios americanos. Sin este paraguas, la industria catalana no hubiera podido competir con los paños fabricados en Inglaterra, más baratos y de mejor calidad.Firma de Felipe V sancionando el decreto de Nueva Planta, por el que se reorganizaba el gobierno y administración de Cataluña tras la Guerra de SucesiónTercerosEn lo cultural, aunque el régimen borbónico impuso el castellano como lengua de la administración pública, la lengua catalana siguió utilizándose en la vida privada y a nivel asociativo cuando no había que tratar con la autoridad. Ahí están, por ejemplo, los papeles de los gremios. Por eso Núria Sales distinguió entre decadencia literaria y decadencia lingüística, que no llegó a producirse. Por último, destacar que el actual cuerpo de policía autonómico, los Mossos d’Esquadra, aparecieron en tiempos de Felipe V. Su primer comandante fue un destacado partidario de la causa borbónica: Pere Anton Veciana (1682-1736).
11 de septiembre de 1714: los catalanes que lucharon por la España plural
La guerra de Sucesión suele presentarse como un choque entre Catalunya y España, pero fue un combate acerca del modelo de país. Los austracistas aspiraban a influir en el conjunto de una Monarquía Hispánica que entendían desde el respeto a la diversidad






