Lindsay Clancy había pedido ayuda. Antes del 24 de enero de 2023 había acudido a psiquiatras y terapeutas, participado en un programa ambulatorio y pasado cinco días ingresada en el Hospital McLean, en Massachusetts, para recibir atención psiquiátrica. Según sostuvo su defensa durante el juicio, había llegado a explicar que escuchaba voces. Aquel 24 de enero mató a sus tres hijos y después intentó suicidarse. Estamos en 2026 y la psicosis posparto sigue siendo un trastorno prácticamente desconocido no ya en Estados Unidos, sino a nivel mundial.PublicidadDespués de siete días de deliberaciones sin acuerdo por parte del jurado, el juez ha declarado nulo el juicio a Clancy. Durante proceso, se han reunido a las puertas del tribunal centenares de mujeres y de alguna manera se ha abierto una conversación que sin duda ha desbordado el propio caso. ¿Qué ocurre cuando la salud mental se deteriora después de dar a luz, cómo se reconoce ese deterioro y qué capacidad tiene el sistema para advertirlo antes de que alcance sus formas más graves? ¿Cómo se desencadena la psicosis posparto y qué incidencia tiene?La psicosis posparto "es una emergencia psiquiátrica", explica a Público Ione Esquer Terrazas, presidenta de la Asociación Española de Psicología Perinatal (AEPP). Y puede provocar "una pérdida de contacto con la realidad: delirios, alucinaciones, pensamiento desorganizado y cambios muy intensos en el estado de ánimo o la conducta". Su aparición, añade, puede ser brusca o más insidiosa y producirse durante los días, semanas o incluso meses posteriores al parto. Su escasa frecuencia contribuye a que sea mucho menos conocida que otros problemas asociados al posparto. Liset Álvarez, psicóloga clínica y perinatal especializada en maternidad, crianza y migración, sitúa su incidencia aproximadamente en una de cada mil madres y la describe como la urgencia psiquiátrica más grave del período perinatal por el riesgo que puede entrañar para la mujer y el bebé. El momento en que los síntomas dejan de ser normalesAntes de que aparezca una alucinación o un delirio puede haber señales mucho más difíciles de distinguir de aquello que socialmente hemos aprendido a considerar parte inevitable de tener un bebé. Una de las que aparece una y otra vez en los testimonios y también en las consultas de las profesionales está relacionada con el sueño. Dormir poco cuando hay un recién nacido no es raro. El problema comienza cuando esa explicación sirve para normalizar situaciones que han dejado de serlo. "El insomnio es sin duda el síntoma y/o problema de salud mental que puede aparecer desde el embarazo y sobre todo en el posparto que más se interpreta como 'normal'", señala Liset Álvarez. PublicidadCuando una mujer lleva dos días o más sin dormir nada, advierte la psicóloga, puede tratarse de "un síntoma importante de desestabilización psíquica". De hecho, en una psicosis posparto puede ocurrir que la mujer prácticamente deja de dormir o disminuye drásticamente su necesidad de hacerlo y, pese a ello, permanece extremadamente activa o acelerada. Esto no es lo mismo, como recuerda Ione Esquer Terrazas, que despertarse repetidamente porque se despierta el bebé.Noelia conoce bien esa frontera. El suyo es uno de los testimonios que recoge la campaña Psicosis posparto, impulsada por el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal. Noelia relata haber sufrido dos brotes psicóticos después de sus dos embarazos. Anteriormente había atravesado otro, en 2008. Ella explica que, pese a esos antecedentes, durante su primer posparto no recibió atención psiquiátrica. El brote apareció siete meses después del nacimiento de su bebé. Los despertares nocturnos para amamantar coincidieron con su incorporación al trabajo y con que su hijo empezó la escuela infantil. Llegó entonces una crisis de insomnio y, después, el brote. En su segundo posparto sí tuvo acompañamiento psiquiátrico. Pero tampoco consiguió evitar una recaída. Volvieron los despertares nocturnos y coincidieron esta vez con el comienzo del colegio de su hijo mayor, que lloraba porque no quería ir. "Ese sufrimiento por él me llevó a otra crisis de insomnio y con ella, al brote psicótico", relata. Con el tiempo recuperó el sueño y la estabilidad. PublicidadNo todos los comienzos se parecen. Liset Álvarez recuerda a una mujer a la que atendió que repentinamente empezó a pedir platos de paella hasta comerse cinco, otra que salió con su carrito, se desorientó y no sabía cómo regresar a casa; otra que comenzó de pronto a golpearse la cabeza contra una pared. Lo que compartían aquellas situaciones, explica, era el carácter extraño y abrupto de las conductas y, especialmente, que las propias mujeres no advertían que algo les estaba ocurriendo. Esa falta de consciencia puede ser una de las dificultades para reaccionar. "Existe la expectativa de que la madre sea quien sostiene a los demás"Mari (otro de los testimonios recogidos por el IESMP) llevaba días sin dormir cuando ocurrió. Cinco días antes había atravesado un parto que describe como "muy traumático" y acababa de regresar al hospital porque la herida de la cesárea estaba inflamada y le provocaba mucho dolor. Aquella tarde se quedó dormida mientras daba el pecho. Cuando despertó, sudaba, tenía fiebre y temblaba de frío. Su hijo estaba junto a ella. Entonces vio a las enfermeras. Le pidió a su marido que protegiera al bebé, que no permitiera que se lo llevaran. Estaban solos en casa. No había ninguna enfermera en la habitación, pero Mari podía verlas. Su marido llamó al matrón y, cuando este llegó, ella creyó que venía a llevarse al niño. Al día siguiente apenas conservaba algunos fragmentos de lo ocurrido. A aquel episodio le siguieron meses marcados por el miedo, el insomnio y una culpa que se extendía prácticamente sobre todos los ámbitos de su maternidad. Se culpaba por no haber tenido un parto vaginal, por no encontrarse bien, por algunas de las cosas que había verbalizado sobre su bebé, por sentirse sola o por no conseguir calmar su llanto. Tardó 17 meses en darse cuenta de que necesitaba terapia. A los 26 meses del parto explicaba que el acompañamiento psicológico le había permitido comprender lo sucedido y desprenderse de parte de aquella culpa. Es importante hablar de la culpa cuando se reflexiona sobre salud mental perinatal. Los problemas que con más frecuencia se perciben en esta etapa son la ansiedad y la depresión, explica Ione Esquer Terrazas, aunque también aparecen dificultades relacionadas con experiencias traumáticas, pérdidas gestacionales, problemas de adaptación o trastornos de la conducta alimentaria.María Huertas Vieco, socia de la AEPP, explica que todavía "pesa mucho" el ideal de "buena madre": "Sigue estando asociado a una mujer disponible, paciente, sacrificada, feliz con su maternidad y capaz de anteponer siempre las necesidades de sus hijos a las propias. Cuando una mujer siente ansiedad, rechazo, ambivalencia, enfado o simplemente que no puede más, puede interpretar esas emociones no como una señal de que necesita apoyo, sino como una prueba de que está siendo una mala madre. Y eso genera mucha culpa y vergüenza". Además, "pedir ayuda implica reconocer una vulnerabilidad en un contexto en el que todavía existe la expectativa de que la madre sea quien sostiene a los demás. Por eso, en ocasiones, no es que las mujeres no quieran ayuda: es que sienten que pedirla confirma que no están cumpliendo con lo que se espera de ellas"."Nunca había escuchado nada de la psicosis posparto"Otro de los testimonios publicados por el Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal pone de manifiesto hasta qué punto los primeros cambios pueden pasar inadvertidos incluso para la propia madre y su entorno. Su embarazo había sido deseado. Tras detectarle un crecimiento intrauterino retardado, el parto terminó en una cesárea urgente bajo anestesia general. El bebé nació sano. Durante las primeras semanas, ella estaba cansada, pero tenía muchísima energía: hablaba constantemente con familiares y amigos, utilizaba el móvil durante las tomas, pero se encontraba más irritable y dormía cada vez menos. Conocía la depresión posparto. Sabía que una tristeza intensa podía ser una señal para buscar ayuda. De lo que no había oído hablar era de la psicosis posparto. Ni siquiera el antecedente de trastorno bipolar de su madre hizo que ella o su marido identificaran lo que estaba sucediendo. Su hermana sí comenzó a sospechar al verla excesivamente eufórica. Después aparecieron pensamientos que inicialmente podían resultarle verosímiles: sentía que la maternidad le había proporcionado una especie de sexto sentido, creía poder anticipar acontecimientos y estaba convencida de que les tocaría la lotería. La familia acudió tres veces a urgencias. Finalmente fue ingresada durante una semana en Psiquiatría y mejoró rápidamente después de recuperar el sueño.PublicidadLa hospitalización, sin embargo, implicó separarse de su bebé. En su testimonio explica que aquella ruptura del vínculo fue una de las consecuencias que más le costó reparar. Después atravesó un período depresivo, volvió a necesitar atención psicológica y farmacológica y, con el tiempo, pudo reconstruir el vínculo con su hijo y reconciliarse con su maternidad.Su historia ilustra otra de las cuestiones que Ione Esquer Terrazas encuentra repetidamente en consulta: mujeres que han verbalizado que algo no funciona y reciben como respuesta que acaban de tener un bebé, que son las hormonas o que necesitan descansar. "El cansancio forma parte del posparto, pero no puede convertirse en una explicación universal del sufrimiento de una mujer", sostiene. Liset Álvarez, por su parte, asegura que la minimización del malestar materno es "el pan nuestro de cada día" y que "la mayoría de las mujeres que llegan a mi consulta llegan autodiganosticadas y sintiendo que su malestar es menospreciado".Ni toda psicosis termina en violencia ni todo filicidio es fruto de una psicosisEl caso Clancy, en todo caso, no es representativo de cómo se viven todas las psicosis posparto. Para María Huertas Vieco, "que una madre mate a sus hijos no significa automáticamente que tenga un trastorno mental". Tampoco la psicosis posparto equivale a violencia contra el bebé, ni experimentar pensamientos intrusivos significa tener intención de ejecutarlos. "Tener un trastorno mental no convierte a una madre en una persona peligrosa", insiste la experta. PublicidadEn los episodios más graves de psicosis puede existir, excepcionalmente, una conducta dirigida contra el bebé, explica la psicóloga, precisamente porque se ha producido una pérdida profunda del contacto con la realidad. Es ese riesgo -también para la propia mujer- el que convierte la enfermedad en una emergencia que requiere intervención inmediata. Pero trasladar ese desenlacel al conjunto de quienes atraviesan una psicosis posparto implica construir una imagen distorsionada de este trastorno. Liset Álvarez identifica como uno de los principales "agujeros" del sistema español la ausencia, según señala, de protocolos unificados de cribado de problemas de salud mental durante el posparto. A su juicio, los cuidados deberían empezar ya durante el embarazo y no limitarse al estado físico. Desde la AEPP, Ione Esquer Terrazas plantea que la detección tampoco puede recaer únicamente sobre la capacidad de una mujer para darse cuenta de lo que le ocurre y pedir ayuda. Matronas, obstetras, profesionales de Atención Primaria, enfermería, pediatría y salud mental pasan por distintos momentos de la vida de una embarazada o una madre reciente en los que pueden aparecer señales de alarma. El bienestar emocional, defiende, debería abordarse durante todo el proceso y mediante herramientas de cribado validadas cuando estén indicadas. Si bien detectar tampoco basta si después no se tiene claro dónde acudir. "Una mujer que dice 'no estoy bien' debería saber quién la va a escuchar, quién la va a valorar y qué ocurrirá después", resume Ione Esquer Terrazas."La falta de corresponsabilidad, la sobrecarga de cuidados, la soledad, la precariedad, la dificultad para conciliar, la falta de sueño y la presión por cumplir con un modelo imposible de maternidad también tienen un impacto enorme en la salud mental", critica en el mismo sentido María Huertas Vieco. Está claro que no todo sufrimiento después de un parto constituye una enfermedad, tampoco todo cansancio es una señal de alarma ni toda experiencia difícil desemboca en un trastorno. Pero normalizar el malestar por el mero hecho de que aparece después de tener un bebé puede dificultar que se reconozca cuando sí necesita atención.