Los atentados del 11 de septiembre de 2001 no solo cambiaron a Estados Unidos y la forma de combatir el terrorismo en el mundo, sino que, a miles de kilómetros de Nueva York y Washington, también terminaron por alterar el rumbo del conflicto colombiano. Hoy, 25 años después, dicha cooperación vuelve a cobrar relevancia.Hasta ese momento, la ayuda de EE. UU. con Colombia se centraba principalmente en combatir el narcotráfico. El Plan Colombia, aprobado apenas un año antes, había comenzado a abrir la puerta a una mayor participación de las Fuerzas Armadas, pero bajo estrictas limitaciones destinadas a impedir que Washington terminara involucrado directamente en una guerra contrainsurgente. Sin embargo, el 11-S cambió la ecuación.Este viernes se cumplen 25 años desde los atentados del 11 de septiembre, que reconfiguraron la lucha contra el terrorismo y marcaron el inicio del siglo XXI.Foto:AFPEn cuestión de meses, la lucha contra las drogas y las guerrillas comenzó a fusionarse bajo un nuevo concepto: el narcoterrorismo. Washington amplió las facultades para utilizar su asistencia contra las Farc y otras organizaciones armadas en el país, aumentó el entrenamiento militar y profundizó, a niveles inéditos, la cooperación en inteligencia.En agosto de 2002, el Congreso otorgó mayor flexibilidad formalmente al Departamento de Estado y al Pentágono para emplear los recursos contra organizaciones terroristas, y no exclusivamente contra el narcotráfico.Ahora, Colombia se encuentra en circunstancias muy diferentes. Pero, paradójicamente, la relación con Washington parece estar virando de nuevo sobre algunos de los conceptos que dominaron en aquella época empezando por el anuncio de la administración del presidente Donald Trump de un paquete por mil millones de dólares en asistencia para el nuevo gobierno de Abelardo De La Espriella enfocado en seguridad, narcotráfico, crimen organizado y recuperación territorial.Foto:AFPContenidoWashington presentó el paquete como uno de los pilares de una “nueva era” en las relaciones con Colombia y ha expresado su disposición de respaldar al gobierno De la Espriella en su propósito de derrotar a las organizaciones narcoterroristas y criminales. Una suerte de Plan Colombia 2 que, aunque todavía está por definirse y deberá pasar por el Congreso estadounidense, tiene ecos evidentes de aquel proyecto que comenzó hace más de un cuarto de siglo.Y eso le otorga una nueva actualidad a lo que devino tras los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono de aquella mañana del 11 de septiembre de 2001.Luis Alberto Moreno, uno de los protagonistas de la transformación de la relación bilateral con EE. UU., era por aquel entonces el embajador de Colombia en Washington. Ese 11 de septiembre estaba viajando hacia Colombia porque el entonces secretario de Estado Colin Powell tenía previsto llegar al país ese mismo día.A partir de allí, cambió radicalmente la manera en que EE. UU. miraba el terrorismo mundial y lo que ocurría en ColombiaLuis Alberto MorenoPero, el vuelo de Moreno no pudo aterrizar en Bogotá por mal tiempo y fue desviado a Panamá. Desde allí vio las imágenes de un atentado que cambiaría el rumbo de la historia.“A partir de allí, cambió radicalmente la manera en que EE. UU. miraba el terrorismo mundial y lo que ocurría en Colombia. Desde ese momento, el relacionamiento con EE. UU. fue diferente”, recordó Moreno en una entrevista con EL TIEMPO realizada en 2021 con motivo de los 20 años de los atentados.Memorial a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001, ubicado en el bajo Manhattan, en Nueva York.Foto:AFPLa visión del narcoterrorismo que dejó el 11-S en ColombiaAntes del 11-S, el propósito principal de la asistencia estadounidense era combatir el narcotráfico.Aunque la aprobación del Plan Colombia había permitido comenzar a trabajar más estrechamente con las Fuerzas Armadas, existía una marcada resistencia en Washington, especialmente entre los sectores demócratas del Congreso, a involucrarse en la lucha contra las guerrillas. Pesaba todavía el recuerdo de las intervenciones estadounidenses en Centroamérica durante las décadas anteriores y el temor de que Colombia terminara convirtiéndose en otro conflicto contrainsurgente sin salida.“La cooperación en esa primera fase pre-9-11 se hacía primordialmente con la Policía y con enfoque en narcotráfico”, explicó Moreno. Lo que cambió radicalmente después de los atentados, dijo, fueron las autorizaciones que regían la ayuda, lo que permitió aumentar la cooperación con las Fuerzas Armadas, el entrenamiento y el intercambio de inteligencia.Con el enorme esfuerzo de los colombianos y la asistencia de EE.UU., comenzamos a cambiar el equilibrio de fuerzasLuis Alberto MorenoEl nuevo clima político en Washington hizo posible algo que hasta entonces había sido muy difícil: “Una vez hubo en EE. UU. una política bipartidista en torno al terrorismo mundial fue mucho más fácil cambiar normas para que se pudiera hacer lo mismo en Colombia”, recordó el exembajador.En esa transformación participaron funcionarios como el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y el general Peter Pace, excomandante del Comando Sur, además del gobierno de Andrés Pastrana y de los altos mandos militares colombianos.Entonces, la cooperación militar se aceleró. Se amplió el entrenamiento, mejoró la movilidad de las tropas y se profundizó en el intercambio de inteligencia. Según Moreno, incluso comenzaron a ensayarse en Colombia tecnologías como los drones que aún eran incipientes.Un miembro de la Policia Nacional, alumno de los llamados "Comandos Jungla", realiza una practica el 1 de mayo de 2002, en una zona selvatica del Departamento del Tolima a 200 Kms de Bogota. Los Comandos Junglas son la unidad élite de la Policía Antinarcóticos de Colombia, encargada de la lucha contra las bandas de narcotraficantes y los grupos al margen de la ley. La policia antinarcoticos recibe una buena parte del componente militar y financiero del Plan Colombia, auspiciado por los Estados Unidos.Foto:AFPMás importante aún fue la posibilidad de compartir inteligencia en tiempo real, algo que hasta entonces Washington había limitado y que requería un nivel de confianza entre ambos países que apenas comenzaba a desarrollarse.El resultado fue una transformación progresiva de las capacidades de las Fuerzas Armadas colombianas.El propio Moreno recuerda el contraste con finales de los años 90 cuando las Farc llegaron a propinar golpes devastadores como el ataque de El Billar, en Caquetá, en el que murieron 64 soldados.8.000millones de dólares destinó el Congreso estadounidense entre 2000 y 2012 al Plan Colombia“Estábamos en una situación de debilidad. Con el enorme esfuerzo de los colombianos y la asistencia de EE.UU., comenzamos a cambiar el equilibrio de fuerzas”, sostuvo Moreno.La evaluación histórica coincide en buena medida con ese diagnóstico. Entre los años fiscales 2000 y 2012, el Congreso estadounidense destinó más de 8.000 millones de dólares al Plan Colombia y sus estrategias sucesoras.La cooperación contribuyó a ampliar el control estatal sobre el territorio, a profesionalizar las fuerzas de seguridad y a reducir secuestros, ataques terroristas y homicidios, aunque los objetivos de reducción de los cultivos y de la producción de drogas quedaron lejos de cumplirse plenamente.Protestas contra el Plan Colombia a las afueras de la Comisión Europea en Bruselas, Bélgica, en abril de 2001.Foto:AFPUn cuarto de siglo después, Colombia no se convirtió en un Estado fallido, como algunos temían en Washington. Las Farc se desmovilizaron mayoritariamente tras el acuerdo de paz de 2016, las Fuerzas Armadas son mucho más profesionales y la relación bilateral se extendió más allá de la seguridad hacia áreas como comercio, desarrollo e inversión.Pero varios de los problemas que dieron origen al Plan Colombia han reaparecido o nunca desaparecieron.Colombia cerró 2024 con unas 261.000 hectáreas sembradas de coca, un nuevo máximo y 3,5 por ciento más que en 2023. El último informe de Naciones Unidas señala, además, que la expansión de los cultivos coincidió con una disminución de la erradicación.A ello se suma el fortalecimiento de organizaciones como el ELN, las disidencias de las Farc y otras estructuras criminales que se disputan territorios y rutas del narcotráfico y economías ilícitas.De La Espriella ha respondido con un giro drástico respecto de la estrategia de negociación y apaciguamiento que caracterizó al gobierno de Gustavo Petro.Abelardo De La Espriella y Marco Rubio en Barranquilla este 8 de septiembre.Foto:Presidencia“No vine a transigir con asesinos, extorsionadores y reclutadores de menores. Vine a derrotarlos con la fuerza legítima de las armas de la República y el estado de derecho”, afirmó esta semana el mandatario al presentar los resultados de varias operaciones militares tras un mes de asumir el poder.La coincidencia con Washington es evidente. Trump volvió a poner el combate contra el narcotráfico y las organizaciones que califica como narcoterroristas en el centro de su política regional.De ahí que el paquete de mil millones de dólares anunciado por Washington pretende convertirse en el instrumento para financiar esa nueva etapa. El Departamento de Estado trabajará con el Congreso para conseguir esos recursos y el objetivo es respaldar a Colombia en el desmantelamiento de redes transnacionales de narcoterrorismo.Y, justamente, la efeméride coincidió con la visita que el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, realizó a Colombia en la que, tras el encuentro con el presidente De la Espriella, se cimentaron las bases de lo que será la lucha contra las drogas y la cooperación bilateral en temas como la reconstrucción tras el terremoto, la relación con Venezuela en la frontera y la posible instalación de bases militares.Las circunstancias, por supuesto, son distintas a las de 2001.1.000millones de dólares conforman el paquete que busca financiar esa nueva etapaPero la lógica vuelve a resultar familiar. Una amenaza alimentada por el narcotráfico, por organizaciones armadas que controlan territorios, por un gobierno colombiano que apuesta por recuperar la iniciativa militar y por una administración estadounidense dispuesta a invertir grandes recursos para respaldarlo.Hace 25 años, los atentados del 11-S eliminaron muchas de las barreras políticas que habían impedido que el Plan Colombia pasara a convertirse en herramienta contra las guerrillas. Ese giro terminó marcando el curso del conflicto colombiano.Ahora, un cuarto de siglo después, mientras Washington y Bogotá vuelven a hablar de narcoterrorismo, control territorial y una nueva inyección multimillonaria de asistencia estadounidense, algunas de las ideas que definieron aquella etapa parecen estar de regreso.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO – Washington@sergom68