Casi al tiempo que el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunciaba el miércoles el número de afectados por el terremoto que golpeó el occidente del país, EE UU se adelantó a contar otra importante noticia. Desde Panamá, durante una reunión del Escudo de las Américas de Trump, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reveló que De la Espriella había autorizado “operaciones militares conjuntas” con Washington en su territorio para “destruir terroristas y redes terroristas”. La palabra clave es “conjuntas”. Desde hace décadas, los servicios de inteligencia y seguridad de ambos países han cooperado en operaciones contra el narcotráfico. Washington financió a principios del siglo el Plan Colombia, que debilitó a las FARC. Durante el mandato de Gustavo Petro, esa cooperación se debilitó notablemente. De la Espriella prometió un realineamiento con la Casa Blanca, pero volver a cooperar es muy distinto a hablar de operaciones conjuntas. ¿Bajo qué mando? ¿Quién asume la responsabilidad de las decisiones que se tomen y de sus consecuencias? ¿El plan pasa por desplegar tropas estadounidense en territorio colombiano; buques de guerra en sus aguas; aviones de combate en su espacio aéreo? Hegseth dio la noticia, pero no los detalles. Tampoco lo ha hecho De la Espriella.El secretario de Defensa posó luego con el nuevo ministro de Defensa colombiano, el general retirado Jorge Mora, firmando una declaración por la que Colombia entra oficialmente en el Escudo de las Américas. Se convierte así en el 19º país que se suma a la alianza de presidentes de la región, entre ellos varios de ultraderecha, con la bandera de combatir el terrorismo y el narcotráfico bajo el liderazgo de EE UU. En el vecino Ecuador, el Gobierno de Daniel Noboa aprobó el mismo tipo de operaciones, pero los ecuatorianos lo frenaron en un referéndum cuando propuso reabrir en su país bases estadounidenses. A los colombianos nadie les ha preguntado qué opinan.Opositores al presidente, pero también exoficiales militares, argumentaron inmediatamente que el presidente debe pedir autorización al Senado. Pero más allá de la legalidad, no ven justificación para poner en duda la soberanía de Colombia. “En ningún momento debe contemplarse el desarrollo de operaciones de tropas estadounidenses en territorio colombiano. Constituiría una evidente intervención indebida”, dijo el general retirado de la Policía Juan Carlos Buitrago, para quien la cooperación debe circunscribirse al apoyo en materia de inteligencia, logística o entrenamiento. De la Espriella fue elegido por millones de colombianos con la promesa de combatir a los grupos armados que se fortalecieron en el cuatrienio anterior. Pero el presidente aún le debe, al Senado o a la ciudadanía, detalles fundamentales sobre el nuevo Plan Colombia que quiere y que antes que él desveló Washington.