OpiniónEn ‘Atando cabos’, Rafael Darío Jiménez recoge una conversación que tuvo en Cartagena con el laureado novelista y su esposa.09.09.2026 22:01 Actualizado: 09.09.2026 22:01 Es común que muchas personas le pregunten a uno, cuando se habla sobre Gabriel García Márquez, qué hizo él por Aracataca. Lo hacen porque oyen decir que nunca se acordó de su pueblo, argumentando que con su renombre podría haber hecho mucho por la tierra que le dio los elementos creativos para escribir Cien años de soledad. Pues bien: pasaron varios años para que se revelara que nuestro premio nobel de literatura sí hizo mucho por el pueblo en el que vino al mundo. Esto lo afirma Rafael Darío Jiménez —cataquero y exdirector de la Casa Museo Gabriel García Márquez— en su libro Atando cabos, publicado por la editorial Ibáñez.En Atando cabos Rafael Darío Jiménez recoge una conversación que tuvo en Cartagena con el laureado novelista y su esposa Mercedes Barcha el 11 de diciembre de 1983, un año después de haber recibido el premio nobel. La entrevista fue acordada después de una llamada que le hizo Eduardo Márceles Daconte, que era entonces el curador del Museo de Queens, en Nueva York, y además primo de La Nena Daconte, el personaje del cuento El rastro de tu sangre en la arena, del libro Doce cuentos peregrinos. Este le había dicho a García Márquez que Jiménez tenía una investigación sobre el coronel Nicolás Ricardo Márquez, su abuelo.A García Márquez le llamó la atención que un joven de 26 años se interesara en investigar sobre la vida de su abuelo. “Debe conocer muchas cosas de él que yo ignoro”, le dijo a Eduardo Márceles Daconte. Fue ahí cuando le autorizó que le diera a Rafael Darío su número de teléfono de Cartagena, donde se encontraba de vacaciones, para que lo llamara. “Gabito quiere hablar contigo”, le dijo el curador cuando este contestó la llamada. “¿Qué Gabito quiere hablar conmigo?”, le preguntó. “Sí, nuestro Nobel de literatura”, le respondió Márceles Daconte. Jiménez pensó que le estaba mamando gallo.La esposa de García Márquez estaba molesta porque la gente decía que el escritor no había hecho nada por su pueblo.Rafael Darío Jiménez vino al mundo en la misma calle donde nació García Márquez, a una cuadra de la casa que habitaba la familia del coronel Nicolás Ricardo Márquez y su esposa Tranquilina Iguarán Cotes, conocida como Avenida Monseñor Espejo. De allí que se haya interesado en investigar sobre la vida del abuelo del novelista. Lo hizo sin pensar que algún día se le presentaría la oportunidad de hablar con el escritor. Cuando llegó a la casa le contó a su mujer que García Márquez le había mandado el número de su teléfono para que lo llamara. Ella, sorprendida, le dijo: “Esa es una oportunidad que quizá no se te presente más nunca en la vida”.El autor de Atando cabos, conversaciones con Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha, era para ese año en que conversó con el autor de Cien años de soledad “un joven escritor que calzaba cuarenta en tenis y lucía una cabellera larga”. La cita fue acordada para las 4 p.m. en el Hotel Cartagena, en el sector de Bocagrande. Para viajar, su esposa empeñó “un par de candongas con filigranas en oro, y un par de anillos, también en oro” por 40.000 pesos. Aunque el novelista le dijo que él le daba los pasajes, Rafael Dario no aceptó el ofrecimiento. La cita era para una hora, pero hablaron casi cuatro.El título de este artículo, Gabito universalizó a Aracataca, surge de la frase que Mercedes Barcha pronunció cuando se integró a la conversación que su esposo sostenía con Rafael Darío Jiménez y tiene relación con lo que escribí en el primer párrafo. La esposa de García Márquez estaba molesta porque la gente decía que el escritor no había hecho nada por su pueblo. “Los cataqueros son unos desagradecidos”, dijo. “¿Cuándo Gabito ha ocupado algún cargo oficial en un gobierno para que le reclamen obras?”, preguntó airada. El escritor se sorprendió al verla tan brava y le indicó que bajara el tono de la voz.Mercedes Barcha expresó lo que pocos colombianos sabíamos: que a pedido del novelista, Belisario Betancur envió a Aracataca una comisión interinstitucional para que analizara sus necesidades. De ahí saldrían las obras a ejecutar. Era el homenaje de la nación por ser la cuna del escritor que puso el nombre de Colombia en el radar de la literatura universal. Se los dijo cuando los recibió en el Palacio de Nariño para celebrar el nobel. Al final, Mercedes Barcha pregunta: “¿Que podía hacer Gabito si los políticos se robaban los recursos que enviaban? Sin embargo, se pudieron ejecutar algunas obras. Esas obras las enumera Rafael Darío en el libro. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.