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Por lo menos para su familia, Gabriel García Márquez había venido a Cartagena de Indias a continuar con la carrera de Derecho que tuvo que suspender debido al Bogotazo y no para hacerse escritor. Pese a que Clemente Manuel Zabala -editor del recién fundado El Universal– le abrió las puertas del periódico, y de estar al tanto de los comienzos literarios de quien se presentaba en su oficina, festejaba, sobre todo, su incorporación al “ambiente universitario tomando una plaza en la Facultad de Derecho donde continuara los estudios que comenzara con tan halagadores éxitos en la capital”. Ya desde la espera impaciente en Bogotá, algunos de sus compañeros le habían dicho que Cartagena sería una buen lugar, pues “tenía una universidad centenaria con tanto prestigio como sus reliquias históricas y una Facultad de Derecho de tamaño humano donde aceptarían como buenas (sus) malas calificaciones de la Universidad Nacional”.

Otra cosa parecía importante: Cartagena, a diferencia de Bogotá y otros lugares del país, parecía no estar en guerra, de modo que no había motivos para que se cerrara la universidad. En mayo de 1948, cuando Clemente Manuel Zabala escribió aquella nota cargada de deseos más que de certezas, García Márquez ingresó a la Universidad de Cartagena, pero solo pudo matricularse oficialmente un mes después, el 17 de junio de 1948, como consta en el registro de matrícula número 129 anotada en el libro 7, folios 58 y 59 de los archivos de la universidad. Sin embargo, el examen de admisión lo había hecho unas semanas atrás en la víspera de su visita al diario El Universal.