Plásticos acumulados en el agua y concentraciones elevadas de amoniaco y sulfuro de hidrógeno fueron parte de lo que Rafael Luque encontró cuando llegó en 2023 a estudiar un ramal del estero Salado, en Guayaquil. Tres años después, el investigador habla de una zona distinta dentro de las 1,6 hectáreas intervenidas: las mediciones muestran una reducción superior al 90 % en la mayoría de los contaminantes analizados y el registro de fauna ha crecido. Hay, sin embargo, una fuente que continúa alimentando el problema desde fuera del área tratada: las descargas de aguas residuales. “Sí, eso es un problema que seguimos teniendo”, respondió Luque cuando se le consultó directamente si esas descargas continúan llegando al estero Salado. PublicidadEl químico e investigador español dirige el proyecto de Biorremediación y Ecorrestauración desarrollado por la Universidad Ecotec y considera que controlar ese ingreso es ahora una de las tareas principales para avanzar en la recuperación. El trabajo comenzó por conocer qué había en el agua y en los sedimentos. Se tomaron muestras antes de aplicar el tratamiento y se repitieron los análisis durante el proceso para seguir el comportamiento de las sustancias encontradas. La biorremediación utiliza microorganismos que ayudan a reducir contaminantes presentes en el sitio, una intervención que continúa activa. “Cuando yo aterricé en 2023, encontré unas concentraciones desorbitadas de contaminantes como el amoniaco y el sulfuro de hidrógeno”, recordó Luque. Estos dos compuestos estaban vinculados con los malos olores de la zona. PublicidadPublicidadLos estudios detectaron además hidrocarburos, compuestos con fósforo, altas concentraciones de carbono orgánico y contaminantes inorgánicos. En las muestras tomadas en este ramal, precisó, se descartó la presencia de metales pesados.Luque señaló que en la mayoría de los contaminantes estudiados la disminución supera el 90 % dentro de la superficie intervenida. El porcentaje corresponde únicamente a esta parte del estero Salado y los investigadores continúan tomando datos para conocer cómo evoluciona.La recuperación se busca además en los seres vivos que vuelven a ocupar el sitio. Durante el seguimiento se han registrado cangrejos, tilapias, zarigüeyas, aves y boas. Días antes de la presentación de los resultados apareció un cocodrilo en el área. “Hemos conseguido devolver esa presencia de ecosistema perdido, de biodiversidad”, explicó Luque al hablar de los registros obtenidos. Para el investigador, encontrar especies de distintos niveles de la cadena alimentaria permite observar cómo ha respondido el área después de la reducción de contaminantes. Los plásticos cuentan otra parte de esos cambios. Luque recordó la cantidad de residuos que encontró en 2023 y señaló que ahora se observan en cantidades menores. El problema persiste porque nuevos desechos pueden llegar por el agua, por lo que se utilizan mallas para capturarlos.Francesca Escala, directora de Sostenibilidad de Ecotec, indicó que en las 1,6 hectáreas existen sensores que permiten obtener datos de calidad del aire y seguir el comportamiento del proyecto. El trabajo ha incorporado a estudiantes de agronomía, ingeniería, arquitectura y sistemas inteligentes en labores vinculadas con monitoreo, recuperación y análisis de información.PublicidadEl siguiente paso se concentra en la vegetación. El equipo prueba especies fitorremediadoras, capaces de captar determinadas sustancias presentes en su entorno e incorporarlas durante su crecimiento. El mangle forma parte de las plantas que se estudian para continuar el proceso junto con los microorganismos que actúan en agua y sedimentos.Pero cualquier avance enfrenta una dificultad si el estero recibe nuevas descargas. Luque explicó que han mantenido reuniones con el Ministerio del Ambiente y Energía, Interagua y Veolia para analizar acciones dirigidas a controlar este ingreso.“Si continuamos con las descargas, esto puede ser un periodo muy extendido en el tiempo”, advirtió al hablar del plazo necesario para recuperar el estero Salado.Sin ese ingreso permanente y manteniendo las intervenciones, el investigador calcula que podrían requerirse dos, tres o cuatro años para acercarse a una recuperación amplia. El plazo es una estimación técnica y depende directamente de que se controle la contaminación que sigue llegando al sistema.La prioridad, explicó, está precisamente allí. “La primera yo creo que es controlar el tema de la contaminación emergente, que sigue acaeciendo en este ramal del estero y que es endémica en todo el ecosistema y en todos los ramales del estero Salado de la ciudad de Guayaquil”.Después vendría la continuidad de la restauración mediante microorganismos y plantas, con seguimiento de los cambios que ocurran en el agua, los sedimentos y la biodiversidad.Alicia Jaramillo, viceministra de Ambiente, señaló que el Ministerio busca trabajar con información científica generada desde las universidades para tomar decisiones y evaluar experiencias que puedan aplicarse en más sitios. “A través de la academia y las universidades nos permite recabar información y tener información científica para la toma de decisiones”, manifestó.Las 1,6 hectáreas estudiadas muestran cuánto puede cambiar una parte del estero Salado cuando se intervienen contaminantes, residuos y vegetación durante un periodo continuo. Luque considera que el siguiente problema requiere ir más allá de limpiar lo que ya llegó al agua. “Continuar con la parte de la restauración” es una de las acciones que plantea, pero el primer paso, insistió, está en frenar las nuevas descargas que siguen entrando a los ramales de Guayaquil. (I)