Lo que no perdió

Era emprendedor cuando acabó en la calle. Lo perdió todo, pero no su facilidad para emprender. Con ella creó Homeless Entrepreneur, una organización que ha ayudado a más de 3.500 personas sin hogar en 21 países y cuenta con más de 250 voluntarios y 100 becarios al año. Funk ha ideado fórmulas originales como Voces: gente sin hogar cuenta en las redes qué le ha pasado, qué sabe hacer y qué necesita, y quien puede ayudar contacta en Instagram (@andrewfunkspain). Tienen un teléfono de ayuda (+34 697 877 089) y HELP, que acompaña hasta un año en trabajo, salud, formación, vivienda, finanzas y cuestiones legales. Con The Great Walk recorren kilómetros y llevan el sinhogarismo a grandes escaparates: han caminado hasta Davos durante el Foro Económico Mundial y desde Filadelfia hasta la final del Mundial de fútbol.Tenía 33 años y un hijo de 9 meses cuando mi empresa se hundió. Me quedé sin dinero, mi relación de pareja se rompió y tuve que elegir: volver a EE.UU., donde tendría techo pero estaría lejos de mi hijo, o quedarme en Barcelona sin hogar para tenerlo cerca. Me quedé.

¿Y dónde dormía?

Fui tirando de amigos, de sofá en sofá. Salía de sus casas a las seis de la mañana y regresaba a medianoche para no molestar. Aun así la buena voluntad tiene fecha límite.