La exclusiva del diario Haaretz de que el presidente emiratí, Mohamed bin Zayed, advirtió a Benjamín Netanyahu de la posibilidad de un gran ataque de Hamás, una semana antes de suceder el 7 de octubre de 2023, pero este no lo trasladó al ejército o los servicios de inteligencia, ha avivado este miércoles la polémica en torno a la responsabilidad política del primer ministro. Pero estos atentados y sus consecuencias que marca desde hace semanas la precampaña de las elecciones del 27 de octubre. La oposición le viene reprochando tanto las políticas que adoptó hacia Gaza en sus años previos en el poder (2009-2021) como su desdén por las advertencias previas sobre el, probablemente, mayor fiasco de seguridad de Israel desde su creación en 1948. La información amenaza con complicar aún más a Netanyahu una reelección que, a 48 días de los comicios, tiene todo menos asegurada. La información ha coincidido con el fin del registro de partidos, este martes. Los dos días de inscripciones y alianzas de último minuto han resuelto las últimas dudas sobre las fuerzas que concurrirán a unos comicios que cargan —esta vez con razón— con el a menudo tópico adjetivo de cruciales. Bajo la mirada de la comunidad internacional, el país decidirá qué rumbo tomar después de cuatro años cruentos y convulsos bajo la coalición más derechista de su historia, liderada por Netanyahu. El 27 de octubre será la primera vez que millones de israelíes acudan a las urnas desde el ataque de Hamás, que ha cambiado al país y encendido Oriente Próximo. Pese a todo lo sucedido desde entonces (la masacre de Gaza, cuatro enfrentamientos con Irán, una guerra con Hezbolá en Líbano, más bombardeos y ocupación en Siria, el incendio de Cisjordania...), aquel 7 de octubre de 2023 sigue siendo el tema central de las elecciones. Sobre todo, el rol de Netanyahu, que viene bloqueando la creación de una comisión independiente que investigue lo sucedido, en contra de los deseos de un 70% de la población, incluido casi un 60% de quienes votaron a la derecha, según los sondeos. El primer ministro defiende que se convertiría en una caza de brujas política. Son numerosos los indicios e investigaciones que apuntan a que las cúpulas políticas y militares desdeñaron las señales y advertencias (de Egipto o de las soldadas en la torre de control) por dramáticas. Se aferraban a la interpretación de que la cercada Gaza estaba bajo control y Hamás se conformaba con gobernarla y al alivio económico de permisos para trabajar en Israel para miles de sus habitantes. La diferencia es que él era aquel día primer ministro y hoy, el único alto mando político o militar que no ha hecho autocrítica ni dimitido. La precampaña solo ha aumentado su actitud defensiva (respecto a las críticas) y ofensiva, hacia sus rivales, con una sucesión de golpes bajos y mentiras.“No me despertaron”El mayor ejemplo tuvo lugar la pasada semana. Netanyahu acusó a la cúpula de seguridad de elegir no despertarlo cuando comenzó el ataque, porque “temía” que “desplegara la fuerza aérea y a todo el ejército y no dejara que nadie se acercara a la valla [la barrera de separación], que los mataríamos de inmediato”.El escándalo subió varios escalones cuando su esposa, Sara, aireó directamente ante las cámaras otra teoría de la conspiración. Insinuó que el líder de la lista socialdemócrata Los demócratas, Yair Golán, conocía el ataque de antemano. Se trata de un ex número dos del ejército que se ganó la admiración de compatriotas de distinto signo político al acudir corriendo a las inmediaciones de Gaza nada más saber del ataque. “Cuando eres un militar de tan alto rango, afirmas que luchaste el 7 de octubre… ya al amanecer estabas allí vestido y preparado en una hora muy muy temprana mientras que otros no sabían nada, incluido el primer ministro”, dijo Sara Netanyahu al canal de televisión 14, que actúa casi como la portavocía familiar. Uno de sus hijos, Yair, habla directamente de “traición” por parte de una suerte de Estado profundo.Un 62% de israelíes considera que el primer ministro actuó “mal” aquella mañana, según una encuesta de la televisión pública israelí, difundida antes de la investigación de Haaretz. La cronología difundida por su propia oficina para intentar aplacar la creciente polémica sitúa a las 09.55 (tres horas después de comenzar el ataque) su primera conversación con el entonces jefe del Estado mayor, Herzi Halevi.“Cada vez más indicios apuntan a la misma conclusión: Netanyahu condujo a Israel a ciegas hacia el desastre del 7 de octubre”, ha escrito este miércoles en la red social X el exjefe del Estado Mayor Gadi Eizenkot, la gran estrella en ascenso que rasca votos de públicos variados, pero igual de molestos con el actual dirigente. En la víspera, dejó atrás sus diferencias con los otros tres principales líderes de la oposición (Naftali Bennett, Avigdor Lieberman y Yair Golán) para pedir conjuntamente una “investigación inmediata y en profundidad” sobre los “errores” de Netanyahu.La nueva polémica mina todavía más la imagen de Netanyahu, al que los sondeos no sitúan como el más valorado para liderar el país. Su partido, el Likud, es desde hace meses segunda fuerza, basculando en torno a los 20 de los 120 escaños de la Kneset (el Parlamento nacional). Le supera el partido de Eizenkot, Yashar.“Netanyahu tiene unos 20 escaños que dependen de su base más acérrima, que le va a votar en cualquier caso. Es como cuando Trump dijo que podía pararse en la Quinta Avenida y dispararle a alguien sin que pasara nada. Pero el partido pierde —como vemos en las encuestas— y su credibilidad está muy baja. Además, muchas cosas que antes le funcionaban con la opinión pública, como controlar el relato o las estratagemas, ya no dan tan buen resultado”, asegura por teléfono Ilana Shpaizman, investigadora senior del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad de Bar Ilán, cerca de Tel Aviv.Dos bloquesTodo pues irá una vez más de dos bloques de partidos judíos —Bibi [Netanyahu], sí; Bibi, no— con la posibilidad de que un partido palestino, la Lista Árabe Unida, haga de bisagra. No fue así durante décadas, en las que la política israelí estaba articulada en torno al eje izquierda-derecha en función de sus posturas hacia los palestinos: más abiertos a acuerdos, los primeros; más duros y expansionistas, los segundos. Lior Sheffer, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de Tel Aviv que estudia el comportamiento político, sitúa el cambio en torno a 2019, con la imputación de Netanyahu por varios casos de corrupción. El sistema político vivió entonces una “reorientación”: el eje tradicional dejó de ser el único en “definir las coaliciones potenciales” y surgió una “dimensión transversal” (los bloques llamados pro o anti-Netanyahu) que aglutinó dos años más tarde en el Gobierno a partidos con retóricas y enfoques dispares hacia los palestinos, subraya por teléfono.“Esta nueva dimensión ha evolucionado, a raíz de la reforma judicial, para centrarse en las percepciones sobre la democracia, el Estado de derecho, la supremacía del Tribunal Supremo y la corrupción. Su significado ha cambiado, pero su emergencia como otro eje de alineamiento político es cada vez más importante. Una cosa que cabría preguntarse es cómo es posible que, tras el 7 de octubre, las elecciones no giren en torno a la seguridad. La realidad es que el sistema político local se ha consolidado firmemente en torno a estos dos bloques”, añade. Así, por bloques, es de hecho como presentan los medios los resultados de las encuestas, además de por partido. Y pintan mal para Netanyahu, aunque la pugna está igualada y un puñado de votos puede inclinar el resultado, o conducir al país a otro ciclo de repeticiones electorales constantes, como el que vivió entre 2019 y 2022. Cada novedad en los sondeos que los medios presentan estos días con pompa es en realidad una muestra de lo apretadas que se presentan estas elecciones. La televisión pública elevaba, por ejemplo, hace 10 días las posibilidades del bloque de Netanyahu (52 diputados) porque Amjá Israel —un partido recién creado por un exgeneral ultraderechista partidario de limpiar étnicamente Gaza, Ofer Winter— superaba la barrera del 3,25% de votos necesaria para obtener representación parlamentaria. Sus aliados naturales son los actuales socios de coalición: el Likud de Netanyahu (20, en esta encuesta), dos formaciones ultranacionalistas (Poder Judío, del famoso ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, con siete; y Sionismo Religioso, de Bezalel Smotrich, clave en la explosión colonizadora, con seis) y dos ultraortodoxas: la ashquenazí Judaísmo Unido de la Torá (ocho) y la sefardí Shas (siete).La de este martes del diario Maariv, en cambio, da 57 escaños a los cuatro grandes partidos judíos de oposición: Yashar, Yahad (la alianza de los exprimeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid), Los demócratas e Israel Beitenu. Estas fuerzas lograrían además la mayoría absoluta justa (61) si consiguiesen el apoyo de los cuatro diputados de una alianza —cosida en el último minuto y no adscrita a bloque alguno— que algunos sondeos sitúan fuera de la Kneset y otras encuestas, como esta, dentro. La lideran el diputado de centro-derecha Yoav Hendel (ministro de Comunicaciones tanto con Netanyahu como con la amplia coalición que lo sacó del poder entre 2021 y 2022) y el economista liberal Yaron Zeleja. Han dicho que solo integrarán “un Gobierno sionista” y exigen la aprobación previa de una ley de alistamiento que incluya a los ultraortodoxos, otro tema central de estos y anteriores comicios.Mucho se va a dirimir en esa barrera del 3,25%. Quedar por debajo, aunque sea por centésimas, implica cero diputados. Superarla otorga, como mínimo, cuatro. Es el equivalente en España a los 12 que suman Junts y Bildu. Algunas formaciones pequeñas se han aliado, de hecho, en los últimos días para asegurarse superarla. También las tres árabes (que representan a los palestinos con ciudadanía israelí, un quinto de la población del país), que concurrirán bajo una lista conjunta.
La responsabilidad política de Netanyahu en los ataques de Hamás centra el debate preelectoral en Israel
El aviso emiratí sobre los inminentes atentados, desvelado el martes por ‘Haaretz’, sacude la política israelí a un mes de las elecciones. La oposición reprocha al primer ministro haber ignorado las advertencias










