No hay ni un minuto que perder. Hay ovaciones ante las que ni siquiera Penélope Cruz, que ha vivido unas cuantas, puede permanecer indiferente. “Alucino”, dice este miércoles Pe al recordar los aplausos recibidos en la Sala Grande del Lido de Venecia. Desde su equipo apuntan: “Fueron 15 minutos, ¿no?”. Ella corrige al instante: “¡No, eran 16!”.Bunker, la película del director francés Florian Zeller, protagonizada junto a su marido, Javier Bardem, fue uno de los grandes éxitos de la jornada en la Mostra. “Fue muy emocionante, la verdad, la reacción del público. Además la habíamos visto solo una vez y no estaba terminada y ya me gustó mucho, me remueve mucho. Pero claro, verla con público...”.En el filme, Bardem interpreta a un arquitecto que acepta construir un búnker para un multimillonario tecnológico, una decisión profesional y moral que acaba abriendo una grieta en su matrimonio. En torno a esa pareja, Zeller construye una historia sobre el miedo, el poder, el dinero y la sensación de vivir en un mundo cada vez más amenazante.La actriz madrileña calcula que un 30% de los proyectos que ha rechazado chocaban con sus ideales o sus principiosEl día después del triunfo y de la alfombra roja, la actriz madrileña se presenta relajada y sonriente a una conversación con varios medios españoles en la primera planta del hotel Excelsior, el más emblemático del Lido. Es un gran momento profesional. Tres películas muy diferentes (The Invite, La bola negra y Bunker) han coincidido prácticamente en el mismo año y las tres han recibido una acogida extraordinaria. Una de ellas, La bola negra, está además entre las tres preseleccionadas para representar a España en los Oscar. Tanto que ya hay quien vuelve a plantear la posibilidad de una segunda estatuilla para Penélope. Un artículo estos días especulaba precisamente con esa opción. Su reacción fue bastante menos solemne: “A quien me mandó esa pieza no te puedo decir lo que le contesté, porque me puse tan nerviosa que lo que le contesté lo tuve que borrar después”.Aquí está en casa. Habla italiano, es queridísima y este festival le entregó la Copa Volpi hace cinco años por Madres paralelas (2021), además de haber estrenado aquí muchos de sus últimos títulos, como Loving Pablo (2017) —también con Bardem—, Competencia oficial (2021) o Ferrari (2023). Momentos así no son solo una cuestión de vanidad. “No es tanto un alimento para el ego, que es verdad que en cualquiera de esos momentos uno puede sentir un subidón, que es sano y es humano, pero no es mi motor, no es lo que me da felicidad”. Son, más bien, una forma de mirar al futuro: “Es saber que cuando tienes un año así, es añadir más papeletas para que puedan seguir surgiendo personajes y guiones interesantes. Y eso es realmente lo que me importa de este trabajo y lo que me ha importado desde el día uno”.Sobre el éxito en el Lido: “Uno puede sentir un subidón, que es sano y humano, pero no es mi motor, no es lo que me da felicidad”Aceptar nuevas películas, en definitiva, pero también poder rechazarlas. Cruz reivindica el valor de los “no” a la hora de construir una carrera. “Creo que es una combinación de suerte y también de haber sido capaz de decir que no a cosas que eran muy tentadoras, pero que no eran las adecuadas para ese momento”. Una decisión que tuvo que aprender a tomar muy pronto: “Empezando a los 16 años, no entendía que tan pronto, pocos años más tarde, tuviera que ser yo la que dijera que no a algo. Pero aun así me forzaba a hacerlo y luego siempre me alegraba”.“Las carreras no se construyen solo en los sís, sino en las veces que te cuesta, pero que tu corazón te dice: a eso es un no”. Algunos de esos rechazos tuvieron también razones de conciencia: preguntada por cuántas veces había descartado un proyecto porque chocaba con sus ideales o sus principios, calculó que “quizá el 30% de las veces haya sido algo así”. El resto, explicó, fueron proyectos que sencillamente sentía que no merecían la pena. Y ahí aparece, para ella, uno de los mayores privilegios que proporciona el éxito: “La mayor suerte, si te está yendo bien en esta carrera, es el poder esperar, poder decir que no a un proyecto y esperar a que aparezca el siguiente”.Todo, admite, cambió cuando se convirtió en madre. Antes llevaba un ritmo frenético: “Trabajaba sin parar, es que tampoco quería hacer otra cosa que no fuera rodar y rodaba tres, cuatro películas al año”. Después bajó mucho ese ritmo, hasta quedarse normalmente en una película al año, o dos si los rodajes no eran muy largos. Y ahora, además de la calidad de los proyectos, pesa mucho la logística. Más aún cuando trabaja con el marido y padre de sus hijos, con quien normalmente intenta alternarse en los rodajes. “Con Bunker, también en ese sentido, logística, que de verdad es una de las cosas que más me preocupan, pues fue Madrid dos meses en los estudios al lado de Netflix”.El asunto de la pareja ha sobrevolado inevitablemente estos días. Cruz y Bardem vuelven a interpretar juntos a un matrimonio, pero ella descarta que vayan a convertirlo en costumbre. “No podemos decir: venga, vamos a hacernos una al año o una cada dos años. Pero no encontramos ninguna razón para decir que no a esto. Y la verdad es que sí, lo he disfrutado, sabiendo también que ahora nos dejaremos unos cuantos años sin trabajar”.Sobre Bardem: “Nos entendemos muy bien en el set, pero no querríamos arriesgar trabajando todo el tiempo juntos”Y va más allá: “Si pensara que nos tenemos que someter a algo así, y más haciendo de pareja, algo así cada año, yo creo que tendría peligro trabajar muy a menudo como pareja. Y nos entendemos muy bien en el set, pero yo creo que no querríamos arriesgar trabajar todo el tiempo juntos porque sí o porque sea más fácil”.Desde hace dos días se repite la misma pregunta: cuánto hay de ellos mismos en esos diálogos. Cruz separa con cuidado ficción y vida privada, aunque admite que la interpretación puede abrir puertas difíciles de mantener cerradas. “Hay muchas cosas que yo he podido darles salida y ponerlas en palabras a través de un personaje”. No solo en una historia de pareja: “Me ha liberado muchos fantasmas y muchos miedos o mucha ira, muchas cosas que a través de personajes yo he podido sacar fuera de mí y al final eso es salud también”.Y lo resume ella misma: “No es utilizar tu trabajo como terapia, pero es que de manera natural un poco sí lo es”. Una especie de psicoanálisis, eso sí, bastante bien pagado.
Penélope Cruz “alucina” con sus 16 minutos de aplausos en Venecia
La actriz protagoniza ‘Bunker’ junto a su marido, Javier Bardem, pero advierte: “Tendría peligro trabajar muy a menudo como pareja”










