Desde que se conocieran en Jamón Jamón, el encuentro que cambiaría sus vidas profesionales y personales, Javier Bardem y Penélope Cruz han ido coincidiendo en pantalla hasta en siete ocasiones. Sin embargo, había ganas de más. La química entre ellos, pareja en la vida real, es tan evidente que ver la suma de sus dos talentos es una experiencia que siempre merece la pena. Por eso Búnker se había convertido en una de las películas más esperadas del Festival de Venecia, porque ver por octava vez a los intérpretes españoles es una delicia que ningún cinéfilo debe perderse.

Y sobre sus hombros se sustenta y se alza Búnker, el nuevo filme de Florian Zeller (dramaturgo que debutó en la dirección con la estupenda El padre), que adapta de forma libre El hombre de al lado, la película de los directores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn. Convierte la mala leche de aquellos en un tenso tour de force entre los intérpretes españoles, que dan vida a un matrimonio en una crisis que no se atreven a explicitar. Lo hacen cuando él, un arquitecto de éxito, recibe un tentador encargo: construir un búnker para un magnate tecnológico. Un trabajo por el que cobrará una millonada a cambio de vender sus principios. Un pacto con el diablo que se convertirá en la gota que colma el vaso del hastío de la rutina del matrimonio.