Hay apariciones que hablan por sí mismas. Juliana Awada lo sabe bien. Elige cuidadosamente cuándo y dónde mostrarse, con una mirada cada vez más personal sobre sus tiempos, sus afectos, sus proyectos y los espacios que decide habitar.

Vestida de blanco inmaculado en un espectacular diseño de Javier Saiach, el lunes 7 de septiembre la empresaria llegó a la tradicional gala de Fundaleu y se convirtió naturalmente en una de las figuras centrales de la noche. Su presencia, además, tenía un significado que iba mucho más allá de lo social.

Luminosa, Juliana Awada bailó feliz y se robó todas las miradas en la gala Fundaleu.

La razón por la que Juliana decidió estar en la gala era también profundamente personal: “Mi gratitud con Fundaleu es muy personal. Mi ahijado atravesó una leucemia y muchos de sus estudios fueron realizados ahí. Para nuestra familia, Fundaleu fue parte de ese camino de esperanza y recuperación”, contó con emoción.

Su ahijado –nieto de su hermana Zoraida– fue dado de alta hace apenas unos meses y Juliana acompañó de cerca todo el proceso, incluso peregrinando a la Virgen de Luján para pedir por su salud. Por eso conoce de primera mano el trabajo de la institución: “Fundaleu lucha hace décadas para combatir las enfermedades oncohematológicas, no sólo desde la atención y el diagnóstico, sino también desde la investigación, la docencia y el acompañamiento a las familias”.