En Alemania, el político del momento no está siendo el canciller Friedrich Merz. Tampoco su socio de coalición, el socialdemócrata Lars Klingbeil, o las principales figuras de la oposición. Ni siquiera el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pese a los vaivenes de su conflicto con Irán y las repercusiones que están teniendo en todo el planeta, incluyendo Europa.
El nombre en boca de toda la prensa germana, la cara que ocupa todas las portadas este domingo, pertenece a un joven de 35 años llamado Ulrich Siegmund. El motivo de su importancia es doble. Siegmund es el candidato del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, el estado federado que ha convocado hoy a sus 1,7 millones de electores a las urnas, y si las encuestas están en lo cierto y consigue superar el 40% de los votos, podría convertirse en el primer político de AfD en ser nombrado ministro-presidente de un estado federado alemán.
La popularidad de Siegmund no bebe únicamente de los problemas estructurales que arrastra Alemania –una economía estancada; una juventud envuelta en incertidumbre; un establishment político que no termina de cumplir todo lo que promete– o del sentimiento nacionalista que recorre franjas cada vez más amplias de la sociedad germana. Quienes han seguido su trayectoria de cerca apuntan, también, a su propio carisma.













