Andrew, de 23 años, pasó prácticamente toda su etapa universitaria frente a un ordenador. "Me tocó la pandemia y hasta el tercer curso la mayoría de las clases eran online. Mi idea era estudiar en Warwick y tener la experiencia de vivir en una residencia de estudiantes, pero acabé en Londres en casa de mis padres", explica. Cuando empezó a trabajar este año, las cosas tampoco cambiaron demasiado. "La mayoría es en remoto. Solo se va a la oficina dos veces por semana. Las reuniones por Teams son muy diferentes a las presenciales. No puedes aprender todo lo que te gustaría de tus mentores y compañeros", cuenta a El Confidencial. Y aun así, se considera afortunado por tener empleo. Muchos amigos, pese a haber "hecho todo bien" y estudiado en buenas universidades, siguen buscando porque "todo está ahora automatizado y no hay apenas entrevistas de trabajo como las de antes".
"Es muy frustrante. Hay problemas de depresión y ansiedad. Nos estamos perdiendo muchas cosas. Conocer gente cuesta mucho, muchísimo trabajo. Y al final te vas aislando cada vez más".
Paisley, también con 23 años, encontró una alternativa mucho más propia de estos tiempos: empezó a hablar con la inteligencia artificial seis, siete y hasta ocho veces al día. Había terminado sus estudios y comenzado a trabajar desde casa. Pasaba tanto tiempo solo que sentía haber perdido la capacidad de socializar. Primero utilizaba ChatGPT para resolver dudas. Después empezó a buscar compañía. "Esperaba que simplemente fuera mi amigo", confiesa.







