Esa situación, según los expertos, es una consecuencia del fenómeno conocido científicamente como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), que en Latinoamérica ocasiona extremas temperaturas o falta de precipitaciones en plena época de lluvias, lo que conlleva también pérdidas de cultivos en localidades rurales donde los productores ven, con impotencia, cómo se desploma su esfuerzo de meses o incluso años.
El costo de alimentarse bien
La sostenibilidad de las familias latinoamericanas depende del arduo trabajo en el campo, los sistemas de distribución y el acceso. Pero lamentablemente esa cadena cada vez es más vulnerable debido a eventos climáticos que la alteran y agravan la situación de algunas subregiones.
Cinco organismos internacionales indicaron en el informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026” que “el 25,8% de la población mundial (alrededor de 2.100 millones de personas) padeció inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025, lo que significa que, en ocasiones, esas personas se vieron obligadas a optar por consumir alimentos de menor calidad o en menor cantidad”. Paradójicamente, los datos revelaron una disminución del hambre por tercer año consecutivo, lo que significa que las mejoras son posibles, pero siguen siendo frágiles y desiguales.












