Varios proyectos europeos desarrollan nuevas formas de preservar las comunidades microscópicas de distintos ambientes para una agricultura sostenible y una medicina personalizada

Ningún organismo de la Tierra es estéril. Todos los sistemas vivos, desde el suelo y las plantas hasta el agua y los seres humanos, están repletos de bacterias, hongos, microalgas y otras formas de vida microscópicas. Juntos, forman ecosistemas complejos conocidos como “microbiomas”.

Gracias a los avances en la secuenciación del ADN y en la informática, los científicos disponen ahora de un impresionante y cada vez más amplio catálogo de especies microbianas presentes en todos estos entornos.

Su importancia para la vida ya está clara. Lo que se conoce menos es cómo interactúan entre sí y qué ocurre cuando cambia la composición del microbioma, es decir, cuando se elimina una especie o se introduce una nueva.

Esa laguna de conocimiento es importante, ya que comprender y gestionar los microbiomas podría contribuir a una agricultura más sostenible, a ecosistemas más saludables y a una mejor salud humana.