Si volver al trabajo ya es una tortura, añadirle una intoxicación alimentaria por comer de táper en el trabajo es descender al noveno círculo del infierno de Dante. Tú, que has esquivado la salmonela a pesar de haberte pasado las vacaciones comiendo en sitios de dudosa calidad higiénica y llevando la tortilla sin cuajar en la mochila durante horas, vas a ser acusada de absentismo laboral por tener que apañártelas para comer en el trabajo. Tristísima paradoja. Lo que le faltaba a la condena de la fiambrera recalentada era sumarle vómitos, visitas incesantes al baño y que tu cuerpo iguale su temperatura a la de los 40ºC de la enésima ola de calor de lo que queda de verano. Ya que la abolición del trabajo asalariado no parece un deseo que se vaya a cumplir este septiembre, hagamos lo posible por no añadir dificultades. Te contamos cómo reducir el riesgo con unas prácticas sencillas pero imprescindibles. Apunta.En casa: cocinado y conservaciónNo voy a darte una chapa monumental insistiendo en la importancia de aplicar buenas prácticas higiénicas cuando cocinas. En El Comidista tienes un montón de artículos para evitar riesgos innecesarios o prácticas peligrosas y no es el momento de insistirte con el lavado de manos, la limpieza de las superficies o la contaminación cruzada. Pero sí conviene recordar algunas pautas que no siempre tenemos presentes y son indispensables para no cagarla...literalmente (perdón).En primer lugar, elijamos bien qué platos nos vamos a llevar a nuestro lugar de trabajo: no todas las recetas suponen los mismos riesgos, así que escojamos aquellas que no sean una bomba en potencia. Olvídate de preparaciones que lleven huevo crudo o poco cocinado: echas de menos la ensaladilla veraniega, lo sé, pero hacerte una mayonesa casera no es la mejor idea para evocar tiempos felices desde la mesa de la oficina. No es el momento tampoco de ponerse sibarita y aplicar tus recién adquiridos conocimientos sobre elaboración de ceviche, sushi, tartar, carpaccio o, en general, cualquier plato que lleve alimentos crudos de origen animal . Tampoco quieras superar el hundimiento emocional a base de postres con nata o cremas. ¿Qué opciones tienes? Pues, con una buena preparación y conservación, casi todas las demás. Para reducir el esfuerzo –mental, organizativo y ejecutivo– lo máximo posible, pensemos en platos únicos completos. La forma más ágil de hacerlo es darle una vuelta a qué fuente de proteína vamos a escoger. Tenemos opciones como legumbres y sus derivados, pescado, huevos, aves y otras carnes blancas (ya sabes que nutricionalmente mejor dejamos fuera las rojas y procesadas). A partir de aquí, montamos la receta; no te olvides de incluir verduras abundantes y puedes alegrar el plato con frutos secos, especias y aceite de oliva virgen.Si preparamos platos cocinados, la cocción tiene que ser completa y debemos prestar atención al enfriamiento posterior. Nada de dejar la comida atemperando en la encimera toda la tarde: como máximo una hora a temperatura ambiente y directa al frigorífico o al congelador (si has preparado comida para varios días). ¿En qué recipiente lo pongo? Esto va un poco a gusto del consumidor, aunque no hay un envase perfecto y las ventajas de uno son los inconvenientes de otro. Los recipientes de cristal tienen muchas ventajas, tanto si se trata de tápers como de tarros reaprovechados con un tamaño adecuado para transportar alimentos. Son reutilizables prácticamente de forma indefinida, higiénicos, fáciles de lavar y no retienen olores. Además, ofrecen un cierre muy seguro, especialmente los que tienen tapa de rosca, por lo que resultan ideales para llevar ensaladas ya aliñadas o alimentos líquidos y semisólidos, como cremas, y que no acabe en tragedia. Pero también son frágiles y pesados y, si la tapa es metálica como ocurre con los frascos, la tienes que retirar para calentar el contenido en el microondas. En cuanto al táper de plástico y de silicona, son la opción más ligera. Busca los que sean aptos para microondas. Los puedes identificar porque llevan un símbolo que suele mostrar un microondas con varias líneas onduladas. Por otra parte, también son los recipientes que se estropean más fácilmente –es habitual que aparezcan arañazos y grietas, especialmente si comemos directamente en ellos por el roce con los cubiertos–, su limpieza es más difícil, pueden absorber olores y colores, y con los alimentos más líquidos hay riesgo de fugas.Hay otras opciones como los de acero inoxidable, que son muy duraderos y ofrecen ventajas similares a los de cristal, pero los descartaría porque la mayoría no pueden usarse para calentar en el microondas (y los que son aptos; que haberlos, haylos, son caros).¿Nevera o congelador?Si tu idea es cocinar para toda la semana, recuerda que la duración de los platos en el frigo no es eterna: si llevan huevo cocido te durarán dos o tres días, las salsas y los caldos de carne no más de dos días, los guisos y las carnes y pescados cocinados aguantan de tres a cuatro días y, sorpresa, la pasta y el arroz cocinados NO más de dos días.Siempre está la opción de congelarlos en raciones e ir sacándolos, aunque no todos los platos congelan –y descongelan– igual de bien. Puedes congelar cremas, guisos o platos horneados. Incluso puedes tener el pan ya cortadito en rodajas para olvidarte de comprarlo a diario: todos ellos te pueden durar en el congelador más o menos tres meses. Pero mejor evita guisos con patatas o muy grasos, platos con salsas, arroz y pasta o platos fritos si no quieres que la tristeza general se trasporte a tus papilas gustativas en forma de texturas arenosas, sabores rancios y olores extraños (además de un aspecto digno del top de desastres en la cocina). No olvides que la descongelación la tendrás que hacer en el frigorífico –lo que requiere que planifiques previamente) o en el microondas (asegúrate de ponerlo a baja potencia y descongelar todo el alimento–, nunca sobre la encimera de la cocina. Si te vas a llevar comida que se come fría -bocadillos, ensaladas...- la pauta es la misma: conservarla en el frigo hasta que la metas en la nevera portátil. Porque, sí, vas a necesitar una.En el transporteEstá claro que no va a ser lo mismo si trabajas a 30 minutos de casa y hay nevera en la oficina que si tienes un trayecto de hora y media hasta tu puesto de trabajo y la comida se queda encima de la mesa o en tu taquilla hasta mediodía. Pero el criterio es siempre el mismo: la comida tiene que estar refrigerada hasta el momento de comérnosla. Con esto en mente, sería recomendable que, como mínimo, tuvieses un portaalimentos isotérmico. Puede mantener el frío hasta tres o cuatro horas y, si le añades un acumulador de frío –el típico bloque que se guarda en el congelador–, el plazo se amplía hasta las 10 horas. Si en tu trabajo hay frigo, la primera opción es suficiente (¡pero úsalo y mete la comida nada más llegar!). Si no lo hay, a la segunda opción (nevera + acumulador de frío) añádele tomar algunas precauciones como evitar dejar el táper en el coche al sol. Un detalle importante: la comida tiene que estar fría cuando la metas en el portaalimentos. Si la cocinas y la metes caliente, va a ir enfriándose y pasará por temperaturas en las que los microorganismos se multiplican exponencialmente.¡Hora de comer!Si te has preparado un riquísimo guiso para comer caliente, el paso por el microondas de la empresa es obligado. El estado de limpieza en el que esté evidentemente no depende de ti: si tienes la mala suerte de que el microondas comunitario parezca el decorado de Seven e incinerarlo sería una forma de evitar que sea el origen de una nueva pandemia, mejor opta por llevarte comidita fría. Pero asumamos que trabajas con seres humanos civilizados que calientan sus cositas con una tapa y el interior del microondas no acumula más estratos que un yacimiento arqueológico. En este caso, el paso final de tus 12 pruebas de Astérix para comer de táper en la oficina consiste en calentar bien tu menú. Ya sabemos que el calentamiento del microondas no es uniforme, así que lo ideal es darle un buen calentón inicial, remover y volver a calentar (si la fila detrás de ti lo permite sin que te lluevan las miradas asesinas). La clave es que todo el plato esté humeante. ¡Y listo! Ya puedes comer tranquilita y saborear un trocito de tu hogar.¿Y si te has pasado y has llevado una ración demasiado grande? La respuesta es horrible para cualquier persona preocupada por el desperdicio alimentario; entre las que me incluyo, pero no debes llevarte las sobras de nuevo a casa. Hay que tirarlas. Me duele tanto como a ti, pero el riesgo no compensa el beneficio planetario. Para la próxima, hay un truco muy sencillo para calcular la cantidad: utiliza el método del plato. Antes de llenar el táper, sirve en un plato la ración que comerías normalmente, así es mucho más fácil ajustar las proporciones. Después, pásala al táper.Extra: la salvación para el cajón de la oficinaSi, a pesar de tus intenciones de cocinar casero la vida se interpone y te ves sin táper y sin posibilidad de comer algo rico –porque acercarse a la máquina de vending es comprar lotería para el infarto fulminante–, no es mala idea tener una minidespensa de emergencia en tu lugar de trabajo. La clave es que sean alimentos que no necesiten frío, y aquí es donde la industria alimentaria del bien está lista para echarnos una mano. Por suerte la tecnología alimentaria nos acerca platos preparados que nutricionalmente están fenomenal, como guisantes con verduras, menestra, garbanzos con espinacas, arroces diversos o marmitako que encontrarás en la zona no refrigerada del súper. Pueden presentarse como botes de conservas o en formatos tipo barqueta. También puedes tirar de cremas de tetrabrick: si están en el lineal y no en la cámara frigorífica, pueden formar parte de tu fondo de armario. Los vasitos de arroz o de quinoa también son una tabla de salvación y con una lata de sardinas o de atún te resuelven un plato en dos minutos (si por el camino coges un tomate y tienes con qué cortarlo, combo completo). Con una bolsa de frutos secos crudos o tostados sin sal, le das un toque de alegría y son un buen tentempié para las mañanas interminables. Si además eres una panarra como yo, unos panecillos tostados integrales completan el kit. ¿Es un banquete? No. ¿Es infinitamente mejor que improvisar con una chocolatina, una bolsa de patatas y un refresco porque no había otra cosa? Sin ninguna duda.Sigue a El Comidista en Youtube
Peligro en el táper: cómo evitar posibles intoxicaciones cuando llevas comida al trabajo
Comer en la oficina ya es suficiente condena como para que le añadas efectos secundarios indeseados. Esta es una guía para evitar problemas de seguridad alimentaria en tu tartera







