Juan José Omella, en primer plano, como anfitrión durante la visita del papa León XIV a Barcelona.Albert GarciaEl arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, trasladó a una presunta víctima de abusos mayor de edad sus dudas sobre un cura que, apenas dos meses después, acabaría siendo detenido por pederastia: “Siempre me ha quedado un interrogante no resuelto sobre este sacerdote”, reconoció sobre el párroco Jorge Alexander P. El cardenal Omella expresó su preocupación durante una entrevista que, en septiembre de 2024, mantuvo con un joven que había sufrido tocamientos por parte de ese mismo cura en el pasado. La víctima, J., ya había puesto en conocimiento del cardenal los abusos sufridos en marzo de 2022. Pero Omella entendió que solo le había manifestado una “confidencia” y despachó el caso como un “asunto moral”, sin adoptar medidas contra el sacerdote, más allá de derivarlo a un psicólogo.EL PAÍS ha accedido a la documentación de un caso que detalla la falta de medidas adoptadas por el Arzobispado de Barcelona, pese a las sospechas que se acumulaban en su mesa contra Jorge Alexander P., que acabó siendo detenido en noviembre de 2024 por los Mossos d’Esquadra por tocamientos a un adulto y a un menor de edad. El cura lideraba entonces la parroquia de la Mare de Déu de Montserrat, en el barrio del Guinardó de Barcelona, y fue apartado del cargo una vez trascendieron esas denuncias, que aún son objeto de investigación judicial. Pero las alertas sobre su comportamiento sexual las había avanzado J. más de dos años antes, en un primer encuentro personal con Omella. Allí le explicó que el cura había frotado su pene erecto contra él sin su consentimiento y le mostró un vídeo en el que el párroco se masturbaba durante una videollamada con otro chico, también mayor de edad.El Arzobispado de Barcelona negó en su día cualquier clase de encubrimiento o inacción con el argumento de que, en 2022, la víctima se limitó a expresar una “queja” y no presentó una denuncia (una interpretación que la víctima rechaza) y de que se trataba de un episodio entre adultos. Pero un documento de la vicaría judicial —el órgano de la Iglesia que asiste al obispo o arzobispo en la administración de justicia— arroja nueva luz. En respuesta a la denuncia presentada este pasado mes de abril por J. tanto por los tocamientos como por la supuesta pasividad del cardenal, la institución señala que ya en 2022 Omella “tomó otras medidas para tratar de corregir la conducta” del sacerdote; en particular, le puso en manos de un psicólogo jesuita para someterlo a observación y acompañamiento espiritual. La vicaría judicial, que rechaza las pretensiones de la víctima, agrega que la información facilitada por ella “se ha adjuntado y se ha tenido en cuenta en el proceso penal actualmente abierto contra” Jorge Alexander por los tocamientos a un menor.En su reciente denuncia ante el servicio de atención a las víctimas de abusos (SAVA) del Arzobispado, J. detalla que, si no presentó una denuncia formal al inicio, fue para “no dañar la imagen de la iglesia”. Y critica que el cardenal “no le dio demasiada importancia al caso” porque, en ese primer encuentro, le dijo que se trataba de “la palabra de uno contra la del otro”. Omella, siempre según esa denuncia, le recomendó “mucha oración y oír misa”, pero no le brindó apoyo psicológico. Las malas impresiones que le había causado aquel encuentro y algunas novedades que llegaron a sus oídos sobre Jorge Alexander (le habían visto subido a un coche descapotable con chicos) llevaron al joven a presentarse de nuevo ante el cardenal. “Me sublevó y empecé a revivir el trauma”, recoge la denuncia. El cardenal le recibió de nuevo en septiembre de 2024. La víctima, que según cuenta en la denuncia grabó la conversación, le pidió entonces explicaciones sobre las gestiones hechas.El cura mostró “arrepentimiento”Omella le explicó que había hablado en su día con el sacerdote sobre el vídeo pornográfico y que le reconoció los hechos. “Fue un mal momento que tuvo, pero está en una buena actitud”, le dijo el cardenal, y le transmitió además que el sacerdote estaba arrepentido y que, según el psicólogo, podía tratarse solo de una “anécdota”. Pese a todo, y ante las nuevas revelaciones de J., el cardenal expresó sus dudas, ese “interrogante” pendiente sobre Jorge Alexander, con quien se comprometió a volver a hablar porque no lo tenía “del todo claro”.J. le entregó entonces una carta de denuncia, pero Omella la enmendó porque, a su juicio, daba a entender que había encubierto al sacerdote. El arzobispo le animó a presentar una denuncia ante el SAVA. Después, las cosas se complicaron. El joven envió un burofax exigiendo respuestas porque, en su opinión, la institución no había “hecho absolutamente nada”. Y anunció anunció que se reservaba acciones legales y que pondría el asunto en conocimiento del nuncio apostólico. El cardenal respondió, a las pocas semanas, querellándose contra la víctima por amenazas, una pretensión que puso en manos del abogado Carlos Rey y que fue desestimada hasta en dos ocasiones por la justicia. Liberado del peso de la querella, que según recogen los documentos ha incrementado su malestar, se animó a denunciar. Su único objetivo, cuenta en la denuncia, es “sobreponerse”, lograr “ayuda” de la Iglesia y, sobre todo, evitar que haya más víctimas. “Si se hubiese tenido en cuenta, no se hubiese llegado a tener que lamentar dos nuevos presuntos abusos sexuales”.Consultado por este caso, un portavoz del Arzobispado de Barcelona se remite a las explicaciones ya dadas y asegura que el tribunal eclesiástico de Barcelona está pendiente de resolver “una instancia presentada” a finales de julio por la víctima, de la que este diario no ha podido obtener declaraciones.