El estadounidense bate al español en un pulso de cuartos vibrante y físico, resuelto tras 4h 28m y con el desenlace más tardío en Nueva York: 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(7)

Vino Carlos Alcaraz a Nueva York en busca de respuestas y se lleva oro. El desenlace no es el deseado, pero después de cuatro meses y medio de ausencia (desde el 14 de abril) era difícilmente imaginable verlo competir de esta forma, de tú a tú contra “una bestia” que le ha obligado a ir al límite, de nombre Ben Shelton. Pierde el murciano, pero sonríe. Porque tiene motivos. Han sido 4h 28m de tralla y a pesar de todo, su cuerpo ha aguantado. Es la mayor recompensa, dice. “Nos vamos muy contentos, lo hemos peleado. Hemos jugado un gran tenis y la gente lo ha disfrutado. Nos vamos sanos, que al final es lo más importante, y con ganas de seguir mejorando”, dirá antes de retirarse al hotel. A eso de las 3.34 hora local, el español se ha inclinado ante el estadounidense (6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(7) y cierra este viaje de retorno que, visto en perspectiva, deja un poso optimista al tenista español.

No será él quien se enfrente en las semifinales del viernes a Frances Tiafoe (5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6(6) a Alex Michelsen). Sin embargo, el regreso le ofrece un buen puñado de certezas: su tenis sigue intacto y su apetito también; hasta donde se sabe, no hay secuelas en la muñeca que se dañó en abril; y, como aderezo, corresponde a un partidazo resuelto a golpe de emoción. Nunca había terminado uno tan tarde en Flushing Meadows, donde la grada corea finalmente al jugador local y en paralelo brinda una sonora ovación a Alcaraz, que parecía haberse fundido y, aquí la mejor noticia, en sintonía con este incierto proceso neoyorquino de vuelta resucita. Nada que reprocharse. Hasta la extenuación y más allá. Hermosa la batalla. Y honores para el vencedor. “Carlos es una leyenda, esto significa mucho para mí”, comenta este.