EditorialLa llamada de atención es general, pues ninguno de los dos sectores se salvó del retroceso.
Las pruebas Pisa (siglas en inglés del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos) son un examen mundial aplicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con la finalidad de evaluar qué saben y qué pueden hacer con ese conocimiento los estudiantes de 15 años. A diferencia de muchas evaluaciones escolares tradicionales, Pisa no mide tanto la memorización de conceptos, sino la aplicación de tales conocimientos en situaciones de la vida real para resolver problemas concretos en un entorno cambiante. En otras palabras, mide el desempeño de la formación educativa de los adolescentes en Guatemala y otros 90 países: participan más de 700 mil estudiantes en representación de una población juvenil de 33 millones.
Primero, la mala noticia. Guatemala salió mal en la prueba Pisa practicada en 2025. La verdad es que en exámenes universitarios de admisión suele notarse la deficiencia y a menudo en las pruebas para optar a una plaza laboral: para muchos jóvenes, la comprensión lectora, habilidad matemática y razonamiento científico constituyen un desafío babélico porque persisten prácticas docentes desfasadas, metodologías memorísticas y, con frecuencia, inadecuados formatos de evaluación. A ello se debe sumar el largo tiempo dedicado a redes sociales, videojuegos y otros recursos digitales, por no mencionar el uso de inteligencia artificial para aparentar resultados en ciertas tareas.













