09/09/2026 00:05 Actualizado 09/09/2026 10:39 Síguenos en Google0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialCuando los periodistas nos ponemos estupendos decimos que noticia es todo aquello que los poderosos no quieren que se sepa y, cuando somos más realistas, concluimos que es todo aquello que supone una novedad y que llama la atención. Por eso, una noticia bomba hubiera sido que el informe PISA divulgado ayer hubiera dictaminado que los escolares habían mejorado su nivel educativo y tenían muchas más habilidades intelectuales que sus predecesores. Sin embargo, lo que se conoció fue justamente todo lo contrario. No es noticia, pero es un escándalo.Hago mío el artículo de Susana Quadrado en la sección de So­ciedad, donde de forma directa expone algunos de los problemas que han llevado a esta situación. El abandono de la cultura del esfuerzo, la pérdida de autoridad del maestro, la consolidación de los aprobados regalados que permiten pasar de curso, el mal uso de la tecnología o los habituales cambios de los planes de estudio son factores que han influido en estos resultados. Y luego tenemos la educación doméstica, aquella que se enseña en el ámbito fa­miliar, y que es tan o más importante que la de la escuela, y en la que algunos progenitores han hecho dejación de sus funciones.Lee tambiénLos malos resultados del informe de PISA afectan a toda España, donde hay comunidades como Asturias, Madrid o Castilla y León que están por encima de la media nacional. Los datos de Catalunya no son comparables porque se excluyó un porcentaje muy alto de alumnos que tenían mal currículum, pero si el estudio se hubiera hecho bien, los resultados también habrían sido negativos.Inicio del curso escolar en el colegio Rambleta del Coll en Barcelona, este martesÀlex GarciaEn este contexto, la coincidencia del informe con la huelga del sector docente en Catalunya es una pésima noticia. Solo faltaba eso. Es difícil salir del círculo vicioso en el que se han instalado los sindicatos y la Administración, y donde nadie parece que quiere dar su brazo a torcer. Una salida sería intentar consensuar un gran pacto político que diera pie a la creación de un comité con los mejores docentes y pedagogos que impulsen la necesaria reforma educativa. Algo así como ha sucedido en la sanidad con el comité Cairos. Los cambios que requiere el sistema educativo no deberían mezclarse con las reivindicaciones sindicales.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992