Zara es un poco como la Coca Cola, todo el mundo conoce la marca, pero nadie más tiene su fórmula. La que sí ha dado en una de las teclas de Zara (al menos en la de ciertas clientas) ha sido la psicóloga afincada en Zaragoza Pilar Cebrián, gracias a un vídeo cómico que publicó en su perfil de Instagram en los últimos días de agosto: “Querida Marta Ortega, tenemos que hablar”, comenzaba. “Estoy en un punto de mi vida en el que Zara y yo hemos tomado caminos diferentes. Y yo me pregunto, Marta, ¿por qué? ¿Por qué los pantalones barrel?”. Pilar se refiere a esos pantalones “que no quedan bien a las mujeres que [hemos pasado de los 40]”, un diseño que desde hace unos meses inunda la colección de la marca de Inditex (y de todas las demás cadenas de moda asequible, para ser más precisos). “Mujeres perimenopáusicas!! Levantémonos en armas!! Fuimos las primeras en comprar en sus tiendas y en lucir sus prendas! Y ahora vamos a permitir que nos dejen en la cuneta de la moda de Inditex?”, bromeaba en el pie del vídeo. Historia de los barrel Primero, una cuestión de nomenclatura. El pantalón balloon fit o barrel fit debe su nombre a la forma de su pernera, que recrea la de un barril o un globo. Al vestirlo, dibuja una silueta ovalada: gana volumen en la zona del muslo, se curva hacia fuera y vuelve a estrecharse en el tobillo. Su origen está salpicado de referencias. Algunos sitúan sus primeros antecedentes en los uniformes de trabajo franceses de los años 20 y 30, que incorporaban pantalones amplios y estructuras cónicas. Otros los relacionan con los pantalones de los vaqueros de principios del siglo XX, cuya silueta abombada tendría que ver con la posición de las piernas al montar a caballo. Y hay quien sitúa su salto definitivo a la moda en los años 80, de la mano de la cultura hip-hop y el streetwear, cuando las prendas amplias y con movimiento se convirtieron en parte esencial de la estética urbana. Lo que sí sabemos es que la silueta no nació ayer y que su actual reinado tiene bastante que ver con el cansancio colectivo de los skinny. Tras años de pantalones pegados al cuerpo, y al calor de la “nueva comodidad” que llegó tras la pandemia, la moda empezó a ensanchar las perneras: primero llegaron los rectos, después los wide leg, los baggy y, finalmente, esos pantalones que tienen a internet dividido. Uno de los modelos que contribuyó a popularizar esta silueta fue el Horseshoe de Citizens of Humanity, lanzado en 2021. Sus perneras anchas y curvas, con el bajo ligeramente cónico y corto, resultaron demasiado vanguardistas para muchos consumidores en un primer momento. En redes sociales hubo risas, burlas y referencias a los Looney Tunes. Pero la resistencia fue durando lo que suele durar cuando hablamos de tendencias de moda: hasta que este corte de pantalón dejó de parecer extraño. Y así, el Horseshoe pasó de ser una rareza a convertirse en un modelo de culto de la firma. Un salto en el tiempo nos lleva hasta aquí: con los barrel ocupando escaparates y catálogos y con la industria de la moda explicándonos que, en realidad, son unos pantalones muy democráticos. Que se ajustan en la cintura, dejan espacio en la cadera y el muslo y se estrechan en el tobillo. Que no ciñen. Que no restringen. Que funcionan para distintos tipos de cuerpo. La teoría es estupenda. La práctica, por lo visto, tiene sus matices. Invisibles más allá de los 40 Lo que pudo ser una publicación entre tantas acabó convirtiéndose en una pequeña “trama” viral (con giro de guion incluido: tras una serie de críticas muy encendidas, Pilar se grabó probándose unos que, para su sorpresa, al final le quedaban bien) y abriendo un debate entre los miles de comentarios que despertó el tema. Muchos de ellos eran mujeres alrededor de los 40 que siempre consumieron ropa de Zara y que hoy, para su disgusto, no encuentran prendas que se adecúen a sus cuerpos en esta etapa. Porque quizá el problema no sea exactamente que los barrel sienten mal. Quizá sea que, cuando una mujer llega a los 40, empieza a preguntarse si la ropa que lleva toda la vida comprando sigue estando pensada para ella. Algo parecido comentó días después, en su perfil de Instagram, Ana Santamarina, experta en dermocosmética y creadora de su marca homónima de cuidado de la piel. “Tengo 48 años y no me siento representada en ninguna de las marcas que yo consumo. Somos casi 50 millones de personas en España y seis de cada diez tiene más de 35 años. Y no solo eso: más de la mitad de las personas que trabajan y están afiliadas a la Seguridad Social tienen más de 45 años. Trabajamos, consumimos, compramos ropa, accesorios, perfume, maquillaje, skincare, de todo… pero somos invisibles. ¿Sería mucho pedir existir en el imaginario de las marcas?”. Y proponía a sus seguidores fijarse en las tiendas de los centros comerciales a ver si alguna de las modelos de los anuncios y escaparates tiene más de 25 años. La pregunta resulta especialmente pertinente si tenemos en cuenta que las mujeres empiezan a desaparecer de la imagen pública justo cuando empiezan a tener más poder adquisitivo, más criterio y, probablemente, menos paciencia para que le digan qué debería ponerse. No es que la moda no haya intentado corregirlo. Zara, de hecho, fue noticia precisamente por hacer algo bastante poco habitual en 2017. Aquel año lanzó Timeless, un editorial protagonizado por Malgosia Bela, de 40 años; Yasmin Warsame, de 41; y Kristina de Coninck, de 53. Las tres hablaban, además, del paso del tiempo y de cómo se sentían con respecto a envejecer. Fue un gesto celebrado porque rompía con la imagen habitual de las modelos veinteañeras que pueblan los e-commerce de moda. Y Zara no fue la primera: Celine había convertido a Joan Didion en una de sus musas, Mango había contado con Lyn Slater, de 63 años, y Desigual había recurrido a mujeres de edades muy superiores a las que solemos ver en una campaña de moda. El problema es que una campaña puntual no necesariamente cambia el imaginario de una marca y quizá por eso el pequeño motín de los barrel resulta más interesante de lo que parece. Porque no estamos hablando solamente de unos vaqueros difíciles. Estamos hablando de una generación de mujeres que ha crecido comprando en las mismas tiendas que sus hijas y que, de pronto, siente que las prendas ya no están diseñadas para el cuerpo que tiene. El cuerpo cambia, pero la moda parece seguir dibujando el mismo cuerpo de siempre. En resumen, las mujeres mayores de 40 están pidiendo espacio en el escaparate. Y, ya puestos, en los pantalones.
Los pantalones ‘barrel’ de Zara y el “motín” de las mujeres perimenopáusicas: “¿Sería mucho pedir existir?”
He aquí la breve historia de la nueva silueta que está en todas partes y el debate que ha despertado en las redes sociales









