Cuando era pequeña, Cèlia Brugos (Barcelona, 54 años) pensaba que la única manera de ser artista era ser pintora. Nadie le explicó que existía el diseño. Así que tras cursar Artes Plásticas en la Escola Massana recibió otro golpe de realidad: ¿cómo se sobrevive en el mundo del arte? Fue entonces, con la revolución digital de mediados de los años noventa, cuando entendió que había muchas maneras de ser artista. “Acabé dedicándome primero al diseño gráfico y después al online. Empecé en la época de los CD-ROM interactivos, después llegó la herramienta Flash… ¡Qué recuerdos!”, rememora desde Un-Defined Studio, su showroom de cerámica realizada con tierras salvajes situado en Montellà (Lleida), un pueblecito del Pirineo catalán donde apenas viven más de un centenar de personas. Hasta la pandemia, su carrera profesional se forjó con el diseño web, aunque progresivamente viró hacia la experiencia de usuario bajo el paraguas de una agencia de publicidad. Sentada en un taburete, lo resume en dos palabras: “Mucho ordenador”. Tanto, que en 2008 incluso tanteó la posibilidad de quedarse en Berlín trabajando de vídeo DJ. “La mezcla de visuales y música electrónica despertó mi interés por el arte digital, pero aquella aventura no acabó de cuajar”, confiesa entre risas. Visto con la perspectiva que da el tiempo, Brugos sostiene que aquella tentativa berlinesa fue un primer intento de apartarse del mundo corporativo. “Llegó un momento en el que me sentía cansada del sector tecnológico y lo que estaba por llegar, llámale realidad virtual o inteligencia artificial, no me interesaba para nada. Quería romper con todo esto y volver a conectar con la naturaleza”, asegura. Así empezaron las escapadas de fin de semana a La Cerdanya. “Me había comprado un coche, había dejado de fumar, empecé a hacer esquí de fondo…“. La pandemia fue la coartada perfecta para abandonar definitivamente Barcelona y empezar una nueva vida en la montaña junto con su pareja. “Cuando nos instalamos en Montellà me entraron ganas de pintar de nuevo. También empecé a tocar barro y me di cuenta de que era la conexión perfecta entre arte y naturaleza, hasta tal punto que enseguida me compré un horno”, recuerda mientras sujeta entre sus manos uno de sus jarrones. Con sus dedos recorre suavemente la pieza, mostrando sus diferentes texturas y tonalidades. Para llegar a este nivel técnico ha habido muchas horas de ensayo y error, además de un intenso proceso de aprendizaje con diversos maestros. Uno de ellos fue Marcos Pacheco, un ceramista especializado en sigilata, una técnica de origen romano que consiste en decantar las partículas más finas de la arcilla y aplicarlas sobre las piezas para conseguir una superficie suave y de brillo natural sin necesidad de usar esmaltes. “Me abrió todo un mundo. Y es que para mí la cerámica es pintura en superficie, es ir en busca del color y de las texturas”. Estas palabras de Brugos traen a la conversación al pintor Miquel Barceló y su manifiesta voluntad de no separar ambas disciplinas. “La cerámica es pintura amplificada, es la madre de la pintura, es la versión extrema de la pintura”, expresó a propósito de Todos somos griegos, una exposición centrada en su obra cerámica que se pudo visitar en La Pedrera de Barcelona en 2024. Otras figuras importantes en su trayectoria han sido las ceramistas Maria Bosch y Carmen Ruiz Navarro, con las que aprendió sobre engobes y esmaltes, respectivamente. En otro curso de sigilatas con Miguel Molet empezó a recolectar tierras salvajes, es decir, arcillas y minerales del entorno que suelen usarse para crear pastas, engobes o esmaltes cerámicos. Como el curso era online, cada alumno las recogía en la zona donde vivía y experimentaba con ellas. “Todo esto me llevó a explorar la historia de la alfarería de La Cerdanya, a descubrir los sitios donde antiguamente se recogía la arcilla”, explica.Quizás sería exagerado hablar de una tendencia mundial, pero la recolección de tierras salvajes en cerámica es una práctica en alza que reivindica los materiales naturales frente a los industriales. Entre los referentes de Brugos dentro del movimiento Wild Clay —así se denomina en inglés— están los norteamericanos Studio Alluvium y la italiana Nina Salsotto Cassina, pero también sigue con interés el trabajo de otros colegas españoles como Luka Andeyro, Tierra de Arcillas, Maria Roy Deulofeu y Teresa-Marta Batalla. Trabajar con tierras salvajes tiene algo de anclaje al paisaje, además de abrir el abanico de las posibilidades creativas. “Los factores que influyen en el resultado final son muy variados: depende del barro de base, del grosor de la capa de esmalte que aplicas, de las mezclas de las diferentes arcillas y de si se añaden otros elementos… Suelo usar cenizas de mi estufa de leña”, explica Brugos, en otra vuelta de tuerca para conseguir una cerámica de kilómetro cero. El resultado de este trabajo 100% artesanal luce en las estanterías de madera de Un-Defined Studio: piezas funcionales de estilo contemporáneo que tienen algo que las hace especialmente bellas. Tras contemplarlas con detenimiento, la siguiente pregunta es inevitable: “¿Cree que sería posible visitar el taller?“. Dejamos el showroom atrás y nos encaminamos hacia su propia vivienda. En un pequeño cobertizo del jardín tiene dos hornos eléctricos, y en la primera planta de la casa, una habitación está habilitada como espacio de trabajo. En las estanterías hay decenas de botes que contienen arcillas. En algunos, una etiqueta escrita a mano delata diferentes fórmulas: Prullans 66,66%, Cendres 16,66%, Ball Clay 16,66%. Imposible intentar reproducir esta mezcla que usa como esmalte, pues la arcilla la recogió en un paraje cercano al pueblo leridano de Prullans, de ahí el nombre, y las cenizas son las de su estufa. “Recolecto tierras salvajes con mucho respeto y en cantidades pequeñas, pero tengo mis dilemas éticos. Por eso ahora quiero compaginarlo con otra línea de investigación y mirar cómo puedo incorporar materiales de desecho de obras”, asegura Brugos, que también tiene en mente reciclar sus propios residuos. Y es que, a veces, alguna pieza se rompe al salir del horno o bien no cumple con sus expectativas. Aunque para ella, el resultado no es tan importante como el propio proceso. “La cerámica te enseña a entender la geología, pues coges un material y, a base de calor, lo transformas. En cierta manera, es lo mismo que pasó cuando se creó la Tierra. En este oficio replicamos de manera artesanal lo que ya estaba creado de manera natural y para mí esto es lo más emocionante”, sentencia. Justo en una pared del taller cuelgan dos cuadros de estilo abstracto, de los primeros que pintó al instalarse en Montellà. Y al contemplarlos, uno se da cuenta de que transmiten la misma intención que ahora Brugos expresa sobre otro lienzo, el cerámico.