Apenas un día después de la proyección del cortometraje de 25 minutos They’re Here, en el que Laura Poitras —ganadora del León de Oro en Venecia en 2022 con La belleza y el dolor— y Rachel Lauren Mueller recogen a través de vídeos callejeros y grabaciones de móvil la resistencia de los vecinos en Minneapolis y Minnesota frente al terror migratorio del ICE, el Lido acogió el estreno de los 225 minutos de Musk, el perfil del prestigioso documentalista Alex Gibney sobre el hombre más rico del planeta. Proyectado fuera de competición, se trata de un montaje que confronta con archivos, entrevistas y un lenguaje de videojuego bien traído al tema que trata la figura de Musk, sus extravagancias privadas y su peligroso extremismo público. Basta una cifra escalofriante que aporta la que fue directora de USAID hasta 2025, Samantha Power. Por culpa de los recortes que Musk aplicó al principio de la segunda presidencia de Donald Trump, durante los 130 días en los que estuvo al frente de esa motosierra del gasto público llamada Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), morirán en el mundo 14 millones de personas, de los que cinco millones son niños.El documental de Gibney no es plato de gusto. Entre otras razones, porque pone en evidencia que el enriquecimiento de este iluminado inversor sudafricano se pavimentó con dinero público bajo el mandato de los líderes anteriores a Trump, Barack Obama y Joe Biden. “Todos estamos implicados en esta historia porque todos hemos permitido que él y los otros tecnooligarcas estén donde estén”, señaló ante la prensa Gibney, cuya película narra el arco que va de la creación de la empresa de software Zip2, en 1998, hasta hacerse con sus tres compañías más conocidas, SpaceX, Tesla y X.El documentalista, que ganó el Oscar por Taxi al lado oscuro y fue candidato a otro por Enron: los tipos que estafaron a América, confirma lo que hoy es una evidencia: que se trata de un hombre “extremadamente peligroso”. El documental no cuenta nada que no se sepa —su traumática infancia, sus delirios futuristas, su radicalización después de la pandemia, su interesado apoyo a la agenda de la ultraderecha internacional—, pero reúne una serie de voces muy autorizadas que aportan matices y mucha información. Entre ellas, destaca su primera esposa, Justine Wilson, madre de seis de sus hijos, que recuerda la muerte de su primera hija, Nevada, y cómo la transición de la mayor, Vivian Wilson, ha alimentado la obsesión antiwoke del magnate. También participa la exinfluencer de ultraderecha Ashley St. Clair, madre de otro hijo suyo, que se negó a firmar un acuerdo de confidencialidad por 40 millones de dólares y que en Venecia ha renegado de su pasado político acompañada por Gibney y por la periodista Zoe Schifferen. St. Clair, de 28 años, recuerda en el documental que Musk le envió este mensaje: “Necesitamos tener una legión de hijos antes de la Guerra Civil”. Y añadió: “No podemos ignorar lo que está haciendo con el algoritmo en X. Es un enfrentamiento deliberado que no se corresponde con la realidad, aunque la contagia y podría resultar catastrófico si no se regula o se contiene. Su problema principal [de Musk] es su relación con la verdad”. Gibney intentó entrevistar sin éxito al magnate y decidió crear, a partir de la idea de Musk de que la realidad es una simulación, un avatar que reproduce algunas de sus frases. “Ni sus críticos ni sus amigos… nadie quiere hablar porque lo que le rodea es el miedo”, apuntó Gibney.