Elon Musk queda bien retratado en el nuevo documental que le dedica Alex Gibney y que se ha estrenado este martes en la Mostra de Venecia. El oscarizado documentalista estadounidense -ganó la estatuilla en 2008 por exponer las torturas del ejército estadounidense en Guantánamo o Afganistán- ha armado una película de cuatro horas de duración en la que comienza interesándose por el Musk joven y emprendedor, el que inventa para salvar el planeta, gran capitalista que no se permite fracasar y que está dispuesto a colonizar Texas para llevar a cabo su particular carrera espacial. Pero el film acaba alertando del gran peligro que supone en estos momentos el personaje, no solo para la democracia de su país sino a escala global.Lee tambiénA través de múltiples entrevistas y con el testimonio de periodistas tecnológicos que siguieron de cerca su trayectoria y su irrupción en Twitter, así como el de su ex esposa Justin, con la que tuvo seis hijos, y el de la influencer Ashley St Claire, madre de otro de ellos, el director del documental arma una narración sobre las supuestas intenciones que Musk tenía al participar de Tesla, al fundar SpaceX, al adquirir Twitter o al financiar a Trump, y la realidad que se derivó de todo ello: baterías eléctricas recargables que nunca se fabricaron, pilotos automáticos que causaron muertes, satélites espaciales y red social con propósitos de control global... o la irrupción en la escena política como un elefante en una cacharrería.Al final, su historia resulta ser la historia del estafador, del especulador que infla el precio de las acciones”Alex GibneydocumentalistaEn realidad, su máxima revelación es que la historia de Musk no es una historia tecnológica nueva, asegura Gibney. “Su historia es la de algo antiguo presentado en un envase nuevo -dice Gibney en el Lido-. Al final, su historia resulta ser la historia del estafador, del especulador que infla el precio de las acciones. Su riqueza y su poder proceden de unas acciones cuyo valor ha sido inflado. Y esa es una historia que ya había contado antes, con Enron y con Elizabeth Holmes”.La intención inicial, cuenta el realizador, era hacer una película más corta. Pero esto era antes de que Elon Musk se viera involucrado de lleno en la trayectoria política de Donald Trump y en la presidencia de Estados Unidos. El magnate, en cualquier caso, rechazó ser entrevistado para el film, de manera que se recurrió a un avatar que suelta frases de Musk, “esas cosas que tienen un cierto aire de irrealidad”.Alex Gibney flanqueado por Zöe Schiffer y por Ashley St Claire, en el photocall de Venecia EFEEl uso del avatar y de algunos de los recursos propios de los videojuegos es un intento de adentrarse en el mundo de Elon. “Al principio de la película, él habla de cómo es casi seguro que vivimos en una simulación. Una simulación creada por algún tipo de inteligencia del futuro. Y también habla de la vida como una especie de videojuego existencial. En ese contexto, nos pareció justo y razonable entrar en ese terreno. Él está obsesionado con jugar a videojuegos y creo que para él es una especie de mecanismo de escape. Dice que le calma los demonios. Pero creo que también es una forma que tiene de invertir en la irrealidad”, conviene Gibney.Otra cosa que llamó la atención a Gibney fue que cuando intentaba conseguir que la gente hablara había un enorme miedo a hacerlo. “Casi un miedo existencial. Tanto entre las personas que eran críticas con él, como entre sus socios empresariales y sus amigos. Hablé con muchísimas, pero muy pocas, salvo algunas de las personas valientes que están aquí, aceptaron hablar.Las personas que han acudido con Gibney a la Mostra de Venecia para defender el film son la periodista Zöe Schiffer, que se convirtió en una de las mayores expertas en cubrir de forma independiente e interna el caos de su gestión tras la compra de Twitter (ahora X), y su ex pareja Ashley St Claire, a quien Musk hizo firmar un contrato cuando estaba a punto de parir a su hijo. Las relaciones íntimas las entiende, al parecer, como transacciones comerciales.Schiffer observa que si bien Musk es que tiene mucha lealtad en las altas esferas de sus empresas, porque llena los consejos de administración de amigos y colegas, en los niveles inferiores no hace mucho por generar lealtad. “Trata a la gente con bastante dureza. Y, especialmente cuando llega a una organización nueva, como USDS o Twitter, hay la sensación de que se trata de una toma de control, y las personas que ya estaban allí sienten que algo malo está ocurriendo. Y esas personas estaban bastante dispuestas a hablar”.Elon mantiene relaciones complicadas en general, pero su relación más complicada es con la verdad”Ashley St Claireautora e influencer“En mi caso fue un poco diferente -añade St Claire-, porque a mí me ofrecieron la oportunidad de no hablar a cambio de 40 millones de dólares. Y cuando te ofrecen algo así, realmente te hace plantearte qué significa tu palabra y cuánto valor tiene. Y por qué quieren ofrecerme semejante cantidad de dinero para que no hable. Elon mantiene relaciones complicadas en general, pero su relación más complicada es con la verdad. Y, por encima de todo, creo que quiero darles a mis hijos el ejemplo de que nunca se debe anteponer la comodidad material a decir la verdad”, añade la influencer.Cuando Elon Musk compró Twitter, un poco por capricho, su intención, al menos en su cabeza, era que estaba recuperando un refugio para la libertad de expresión. Desde entonces, ha modificado el algoritmo, primero para reducir la visibilidad del periodismo convencional, explica Schiffer, y después para potenciar algunos de los comentarios y voces más incendiarios de esa plataforma.“Además, y eso Ashley lo sabe bien, pasa una cantidad desproporcionada de tiempo en X, y realmente creo que eso ha afectado a su percepción de la realidad. También tiene un peso muchísimo mayor que cualquier otra persona dentro del algoritmo. Así que cualquier cosa que promociona o tuitea recibe después un impulso adicional por parte del propio algoritmo”.Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York