Son tiempos de populismo ultranacionalista en las Américas, y en momentos como este, la política siempre acaba imitando al Mundial de fútbol. El último ejemplo: la bandera que rezaba “Las Malvinas son argentinas”, desplegada, tras la victoria contra Inglaterra, por la selección argentina, se ha incorporado al discurso del presidente argentino Javier Milei. “En Argentina, si vos tenés el fútbol como una pasión, Malvinas es la otra”, dijo Edgardo Esteban, excombatiente en la guerra de las Malvinas y exdirector del Museo de las Malvinas. Por eso, “ese trapo ha sido importante para entender lo que pasa”. La selección argentina celebra la victoria sobre Inglaterra con la bandera “Las Malvinas son argentinas”ReutersEl presidente argentino arrancó su discurso sobre las Malvinas la semana pasada con la misma frase: “Las Malvinas son argentinas”. Acto seguido, anunció sanciones contra empresas —una británica y otra israelí— que llevan a cabo exploración petrolífera en el Atlántico Sur, cerca de las islas. Pronto veremos si la nueva postura es una táctica de distracción para esconder la caída de Milei en las encuestas o si es algo mucho más importante: un indicio de que Buenos Aires y Washington aplican en las Malvinas la nueva doctrina Monroe que pretende echar a todos los rivales de EE. UU. del hemisferio, incluso a un socio menor tan obediente como Londres.El giro de 180 grados de Milei —un ferviente admirador de Margaret Thatcher— no deja de llamar la atención. El polémico presidente argentino defendió al inicio de su presidencia mejorar las relaciones con el Reino Unido, captar inversiones británicas y no permitir que los sentimientos nacionalistas estorbasen la apertura de la economía argentina al capital global. Hasta planteó reconocer el derecho de autodeterminación de los actualmente 3600 kelpers, habitantes de las Malvinas, llamados así por la abundancia en las islas de las algas kelp.Milei incluso apoyó el llamado Acuerdo Foradori-Duncan, firmado hace diez años por el gobierno de Mauricio Macri, que reconoce las inversiones británicas en las islas en pesca y energía. Pero, de la noche a la mañana, todo ha cambiado. Milei —con el 57 % ya en contra de su reelección, según un reciente sondeo— ha recuperado la retórica del general Leopoldo Galtieri, que mandó las tropas a Port Stanley en abril de 1982 en una táctica de distracción clásica para gobiernos de apoyo menguante.44 años después, el giro en el discurso de Milei también ha anunciado una ofensiva contra los kelpers como una “cortina de humo” (wag the dog), título de la película en la que un ficticio presidente estadounidense fabrica una guerra para generar apoyo patriótico.Milei anuncia una ofensiva contra los kelpers como una “cortina de humo”Otra ironía: esto es precisamente lo que hizo la propia Thatcher en 1982, cuando mandó los buques de la Royal Navy a una remota isla a 11.000 kilómetros de Portsmouth, animada por la oposición laborista, cuyo líder, Michael Foot, retó a la primera ministra a demostrar “con hechos” su retórica bélica. La rápida rendición argentina sirvió para frenar el colapso de Thatcher en las encuestas, borrando de los medios los efectos devastadores del primer gran experimento neoliberal de la historia: un ajuste draconiano para domar la inflación, que acabó con cuatro millones de trabajadores en la calle y aumentó un 75 % las quiebras empresariales.La Dama de Hierro logró convertir la victoria británica en un símbolo de supuesto renacimiento nacional. “Gran Bretaña ha dejado de ser un país en retroceso”, dijo en junio de 1982, elogiando “el espíritu del Atlántico Sur”. “Hemos devuelto el Gran a Gran Bretaña,” remató. Ganó las elecciones el año siguiente. Estados Unidos hizo la vista gorda. “Maggie quiere una pelea”, resumió Ronald Reagan, escéptico pero dispuesto a tolerar la nostalgia imperial de los británicos al igual que todos los posteriores ocupantes de la Casa Blanca. Curiosamente, la actual apuesta de Milei parece una réplica de la “cortina de humo” de Thatcher. El excéntrico presidente de extrema derecha necesita su propio “espíritu del Atlántico Sur” para desviar la atención tras un draconiano ajuste antiinflacionista inspirado precisamente en el modelo thatcheriano. Desde que Milei asumió la presidencia en 2023 se han destruido más de 200.000 puestos de trabajo. “El Gobierno tiene urgencias por lo económico y por lo electoral”, sostiene Esteban. El solemne discurso de Milei, pronunciado con un “tono marcial”, según el diario Página/12, era thatcheriano por antonomasia. Se desplegarán “todas las herramientas del Estado en defensa de la soberanía argentina sobre las islas”, anunció. “El cambio de discurso es una distracción frente a los problemas internos que enfrenta”, dijo el economista argentino radicado en EE.UU., Matias Vernego. Aunque la economía ha crecido este año “el empleo formal privado no ha recuperado los niveles anteriores al ajuste”Pero el volte face puede ser mucho más que una cortina de humo. El presidente argentino responde a nuevas señales de que la Administración Trump retira su apoyo a Londres. Un documento filtrado desde la Secretaría de Guerra planteó un cambio de postura estadounidense respecto al control británico en las Malvinas para castigar al Reino Unido por no apoyar la guerra estadounidense en Irán. El nuevo gobierno laborista de Andy Burnham es blanco de ataques trumpistas —desde JD Vance a Elon Musk- por supuestamente subvertir los valores occidentales al tolerar la inmigración musulmana, una acusación que incluso habría incomodado a ThatcherTras las declaraciones de Trump la semana pasada , en favor de “revisar” el apoyo estadounidense al Reino Unido, Milei se felicitó: “Corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo”, dijo en su discurso. Los británicos “recorren el camino de declive (...) el futuro de Argentina es floreciente.”Se produce “un alineamiento explícito argentino con la Casa Blanca como palanca de presión contra el Reino Unido”, dijo en una entrevista telefónica Daniel Guzmán, director del medio Agenda Malvinas, en Ushuaia (Tierra del Fuego). Es un Alineamiento explícito argentino con la Casa Blanca como palanca de presión contra el Reino UnidoEl principal objetivo de esta presión va contra el proyecto de extracción petrolera llamado Sea Lion (Lobo de mar), gestionado por las petroleras británica e israeli Rockhoffer y Navitas. Estas pretenden explotar depósitos offshore en el sur atlántico perteneciente a las Malvinas, donde yacen, según los cálculos de la empresa , casi 900 millones de barriles de petróleo cuyo valor rebasa los 3.500 millones de dólares. Se pretende iniciar la producción el año próximo. Aunque Chile ha anunciado una ruta marítima desde Punta Arenas a las Malvinas, las sanciones de Milei amenazarán la viabilidad del proyecto. La retirada de las petroleras estadounidenses SLB, Baker Hughes y Halliburton del negocio de Sea Lion también y “debe leerse como una manifestación de apoyo de la administración Trump,” dijo GuzmánEl Gobierno de Burnham, respondió que “el derecho de autodeterminación de los habitantes de las islas incluye el derecho de explotar sus propios recursos naturales”. “Una declaración firme de EE.UU. debilitaría la posición británica”, sostiene Marc Weller, de Chatham House, en Londres. Está por ver si la nueva postura de Trump es una medida de presión para lograr concesiones puntuales de Burnham en Medio Oriente u otra manifestación de la reinventada doctrina Monroe. Ya se sabe que EE. UU. pretende ejercer el control directo sobre recursos naturales y energéticos latinoamericanos y expulsar a rivales como China. La novedad sería que el amigo británico ya fuera blanco de la ofensiva también.En cualquier caso, cualquier celebración de que Trump apoye la reivindicación de que “las Malvinas son argentinas” puede ser prematura. Más que el petróleo de las Malvinas, la doctrina Monroe en versión trumpista seguramente tiene el ojo puesto en los depósitos de petróleo y gas de Vaca Muerta —1,2 millones de barriles de petróleo por día en cuanto alcance su plena producción—, en la provincia de Neuquén, frontera con Chile. “Lo que quiere es el petróleo de la Arabia Saudita dentro de Argentina”, dijo Esteban. “Sin olvidar los depósitos de litio y las reservas de agua en la Antártida argentina”. Como otra pata de la doctrina en el cono sur, Milei ha firmado el desarrollo conjunto argentino-norteamericano en Ushuaia para operaciones en la Antártida y se negocia la creación de una base naval integrada con presencia estadounidense en el estratégico estrecho de Magallanes. “Las islas Falkland (las Malvinas en versión inglesa) jamás encajaron bien con la Doctrina Monroe”, afirmó el escritor socialista Anthony Barnett en su clarividente libro Iron Britannia, publicado en 1982. Trump y Milei pueden estar a punto de darle la razón.
Milei en Malvinas: ¿cortina de humo, populismo futbolero o la nueva Doctrina Monroe?
Tras buscar la reconciliación con Londres, el presidente argentino denuncia la presencia británica en las islas













