Me gusta pensar que soy una persona bastante tranquila. El comportamiento de los demás no es asunto mío. Hay una excepción notable: mi némesis del gimnasio.
Se lleva el ordenador al gimnasio y atiende llamadas de trabajo a todo volumen. Siempre tiene entre cuatro y seis pares de mancuernas a su alrededor y luego no las recoge. Racionalmente, entiendo que es un ser humano frágil e imperfecto como el resto de nosotros, pero en el fondo a veces me pregunto si habrá llegado aquí desde otra galaxia.
La vida está llena de reglas tácitas, y el gimnasio no es una excepción. Las pesas pesadas, la gente sudada y las máquinas misteriosas pueden hacer que resulte abrumador saber cómo comportarse. Por eso, hemos preguntado a expertos en fitness qué opinan sobre la etiqueta en el gimnasio: cuáles son las cosas que más les molestan, así como los comportamientos que pueden parecer intimidantes, pero que en realidad están bien.
Una buena etiqueta en el gimnasio no consiste tanto en seguir una larga lista de normas como en mostrar respeto, señala Mathew Forzaglia, profesional del fitness y formador. “Respeta el material, respeta el tiempo y el espacio de los demás, y respeta el entorno compartido”, asegura.







