Putin reconoció por primera vez, con una cifra concreta, el costo económico que durante meses había intentado minimizar.
La semana pasada, el presidente ruso admitió que la campaña ucraniana de ataques con drones de largo alcance le costó a su país cerca del 1% del PBI, unos 25.000 millones de dólares, aunque insistió en calificar esa cifra de “no crítica”.
El reconocimiento llega en un momento en que Kiev dejó de apuntar solo a blancos militares y apunta cada vez con más precisión a los engranajes que mueven la economía cotidiana de los rusos.
El combustible, el punto más sensible Nada golpeó la economía rusa tanto como los ataques a las refinerías, según un análisis del Wall Street Journal firmada por Alexander Osipovich.
De acuerdo a datos de la consultora Energy Aspects citados por el WSJ, el procesamiento de crudo ruso cayó de 5 millones de barriles diarios en agosto del año pasado a 3,8 millones este agosto, una caída que ya se siente en la calle: una de las aplicaciones más descargadas del país es hoy una herramienta colaborativa para que los conductores encuentren estaciones con nafta disponible.







