“Han abierto la caja de Pandora y ahora recibirán una respuesta contra sus sectores económicos más sensibles”. Esta declaración de Vladímir Putin del 22 de agosto parecía enmarcarse en la retórica con la que el Kremlin lleva meses amenazando a Volodímir Zelenski.
En los últimos días, sin embargo, el aviso se ha transformado en una realidad: Rusia se ha ensañado día y noche con Kiev y su región y ha provocado decenas de muertos. Moscú presume de haber sumido la capital de Ucrania en un estado de alerta permanente y ha vuelto a recomendar a los diplomáticos extranjeros que abandonen la ciudad.
A medida que intensifica su campaña de ataques aéreos, Rusia alcanzó este viernes con un dron la sede del servicio secreto de Ucrania en la capital ucraniana, uno de los objetivos de mayor relevancia atacados durante la guerra. El ataque ocurrió a pocos metros del edificio donde estaba la embajadora española en Ucrania, Adela Díaz Bernárdez, esperando junto con otros embajadores para la ceremonia de entrega de cartas credenciales, según confirmó Exteriores a elDiario.es.
El presidente ruso justifica el aumento de los bombardeos como una reacción a la campaña ucraniana contra los almacenes de las principales empresas rusas de comercio electrónico. De hecho, la represalia de Putin ha consistido en buena medida en golpear centros logísticos ucranianos, lo cual ha provocado escasez de alimentos en algunos supermercados.









