En un artículo anterior sostuve que sin talento no hay competitividad.

La conclusión sigue vigente, pero hoy debemos dar un paso adicional: no basta con ampliar el acceso a la educación superior.

El verdadero desafío es convertir esa educación en competencias, productividad y movilidad social.

El Perú ha avanzado de manera significativa en cobertura.

En el 2024, el 51% de los jóvenes entre 25 y 34 años había completado educación terciaria, una tasa cercana al promedio de la OCDE y superior a la de varios países de la región.