Estudiantes Universitarios

Andres Perez ComentariosSEÑOR DIRECTOR:En las últimas semanas se ha debatido bastante sobre los impactos del aumento en el acceso a la educación superior. Sus beneficios son incuestionables, no solo ha implicado un aumento en el capital humano del país, sino también un cambio en la trayectoria de ingresos de los jóvenes y, por ende, es un motor indiscutible de movilidad social.Sin embargo, no podemos conformarnos con su funcionamiento actual, que presenta importantes desafíos. Primero, está el costo de la gratuidad. En 2016 se estimó que una cobertura universal costaría 2,8 billones de pesos al año. Hoy, solo cubrir a los estudiantes pertenecientes hasta el sexto decil de menores ingresos supera los 2,2 billones. Segundo, está mal su uso. Desde Horizontal estimamos que 1 de cada 5 beneficiarios no cumple con los requisitos socioeconómicos y recibe de igual manera este beneficio. Tercero, la pertinencia de lo que se enseña. Es necesario evaluar si las carreras y sus mallas curriculares responden adecuadamente a las demandas del mercado laboral, y generar mecanismos para fortalecer esa vinculación.¿Debiéramos eliminar la gratuidad? Definitivamente no. Pero sí requiere una cirugía mayor para que sea sostenible financieramente y tenga más impacto en la movilidad social de los jóvenes. Esta no debe ser una discusión binaria sobre terminar o no el programa, sino sobre cómo mejorarlo.Fernanda CastilloInvestigadora HorizontalMás sobre:GratuidadReformasMallas curriculares