0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialCoherente con su estrategia de ocupar permanentemente la actualidad, raro es el día en que la administración Trump no es noticia, sea la trifulca arancelaria con Canadá, la firma de un acuerdo leonino con Venezuela, el desplante a un aliado tradicional (Corea del Sur) o, por supuesto, las últimas vicisitudes de la guerra con Irán.Donald Trump se reunió el viernes pasado en el despacho oval con representantes del sector cárnico estadounidense Evelyn Hockstein / ReutersY, sin embargo, las encuestas siguen reflejando, aparte de un estancamiento de la popularidad de Trump en torno al 40%, una fijación de la opinión pública en la llamada affordability , término que se podría traducir por asequibilidad y que no es otra cosa que las dificultades de un gran segmento de la sociedad para llegar a fin de mes.Mucho tiene que ver, obviamente, con la permanencia de las tensiones inflacionistas, especialmente por lo que se refiere a los precios energéticos, a su vez consecuencia en gran medida de la guerra con Irán. Una gasolina al filo de los 4 dólares el galón (3,7 litros) y un diésel en torno a los 5,5 dólares, son precios altos que afectan directamente a la inmensa mayoría de los estadounidenses. Si a eso se añaden unos tipos de interés de las hipotecas del 6,7% a 30 años se puede comprender el referido malestar de gran parte de la ciudadanía.La clase media sufre el coste de la energía y los tipos altos de las hipotecas, y recela de la IAEstados Unidos nunca ha sido terreno abonado para discursos que preconicen la lucha de clases o la animadversión hacia los millonarios, pero crece la sensación de que las cosas se han salido de madre. Una estadística citada por el Financial Times señalaba que la proporción de la renta nacional de los beneficios empresariales anualizados del segundo trimestre de este año ascendía al 18%, el nivel más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, la proporción correspondiente a los salarios y otras prestaciones laborales en ese mismo período ascendió al 60%, el nivel más bajo desde los años cincuenta del pasado siglo. Obviamente, las clases medias y bajas dependen más de una nómina que las clases más pudientes, en cuyos ingresos influyen más los rendimientos de los mercados de valores y otras inversiones.Y luego está el fenómeno de la inteligencia artificial (IA) y la polémica que rodea en algunos estados a la instalación de nuevos centros de datos, esos almacenes de ordenadores consustanciales al desarrollo de la IA y cuyas altas necesidades de agua y electricidad los han convertido en hito fundamental del debate político cara a las elecciones de medio mandato de noviembre. The Economist se hacía eco recientemente del caso de Ohio, antaño barómetro político del país y posteriormente bastión republicano (Trump ha ganado allí las tres veces que se ha presentado), donde la oposición a los centros de datos puede hacer que los demócratas canten victoria en una serie de campañas de los inminentes comicios.Como no podía ser de otra forma, Trump ya se ha pronunciado al respecto, con una obviedad –que la oposición a los centros de datos es música celestial para China–, y con una descalificación marca de la casa, que la mencionada oposición es propia de gente atrasada y pobre. Siempre haciendo amigos…