0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialNi rastro queda del Carlos Alcaraz de muñeca herida, el que duda y sufre y se pregunta cuánto va a durar este tormento.Cuatro meses ha permanecido fuera de juego, convaleciente tras lastimarse ante Virtanen, en abril en el Trofeo Godó, cuatro meses probándose y diciéndose que sí y luego, que no. Lo decía Juan Carlos Ferrero, cuando era su entrenador en otros tiempos, igual que hoy lo dice Samu López, su entrenador en el presente: a Alcaraz le molesta jugar con molestias.Ni rastro queda de aquellos problemas de muñeca que habían inhabilitado a Alcaraz durante cuatro mesesAlcaraz necesita el campo abierto, la juvenil sensación de libertad, el bienestar del cuerpo saludable: no es un estajanovista, no es el Nadal doliente que se pasó veinte años sufriendo en la pista, soportando terribles dolores, empeñado en manifestarse como un icono del tenis.Es un disfrutón.–Si a Carlos le duele algo, le asaltan las dudas –contaba Ferrero en aquel documental que, en el 2025, sobrevolaba las plataformas: A mi manera.Ni rastro queda de aquel Alcaraz de muñeca herida y Tommy Paul (29), uno de los referentes del tenis estadounidense, lo comprueba a los tres cuartos de hora, cuando el talento murciano se concentra en el resto, acelera y rompe al fin el servicio del anfitrión.Entonces se cierra el primer set, Alcaraz ya tiene el primer parcial en el bolsillo (6-4) y no crean, la hinchada local no se enerva demasiado. 23.700 almas se han asomado a las tribunas del Arthur Ashe Stadium, esta es la pista central más grande del mundo, y sin embargo los neoyorquinos se debaten, fluctúan entre el provincianismo y la universalidad: Paul es su hombre; Alcaraz, una marca mundial.–Yo diría que el 60% de los espectadores prefiere la victoria de Alcaraz –dice Álex Corretja en su retransmisión televisiva.Con un set a favor de Alcaraz, el sólido Paul se tambalea y el murciano farmea aura. A Alcaraz ya no le toca hablar así, ya no es Carlitos sino un joven de 23 años, pero eso da igual: al fin y al cabo, es tan global como intergeneracional.En la reanudación, le rompe de nuevo el saque a Paul, que le devuelve la rotura, e insiste: otra vez le rompe el saque al estadounidense, y ya el US Open se rinde a la elasticidad de Alcaraz, a su versatilidad y a la paz mental que luce en estos días: ni una sola vez se inmuta, es un martillo pilón que avanza hacia el 6-3 en el segundo parcial y el cronista, que sufre como la Cenicienta porque hay que cerrar esta crónica antes de la medianoche, respira aliviado.Podremos cerrar la crónica antes de que la carroza se convierta en una calabaza y los caballos en ratones porque Paul ya no sabe qué hacer. Se aturde cuando pierde un intercambio de veinte golpes y más tarde, cuando el murciano le supera en la red y vuelve a romperle el saque, y ya está, ya no hay vuelta atrás.Alcaraz se lleva el partido con un último parcial de 6-4 y ya está en cuartos, donde le espera Ben Shelton, otro referente estadounidense, quién lo hubiera dicho hace un mes, cuando todo eran dudas, un molestoso sinvivir.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'