En 1999, el recién electo alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, lanzó su modelo de concesión educativa con una idea muy clara: “El nivel de la educación de los estratos bajos determina las capacidades futuras de esos jóvenes”. Así lo recuerda Pablo Navas, presidente del Consejo Superior de la Universidad de los Andes de 1997 a 2003 y fundador del colegio privado Los Nogales. “¿Será verdad?”, se cuestionó Navas; “¿tendrá razón el alcalde?” Con esa pregunta en mente, le propuso a José Antonio Lloreda, de la junta directiva de Los Nogales, buscar a Cecilia María Vélez, entonces secretaria de Educación del Distrito, para plantearle alternativas. En respuesta, se encontraron con un reto: “Vamos a sacar colegios en concesión, ¿por qué no se le miden a uno?”, les propuso.“Aceptamos el desafío”, respondió Navas, “pero no solo nosotros”. Ingeniero industrial de la Universidad de Cornell y Magíster en Administración de la Universidad de Los Andes, este visionario detectó una oportunidad inédita para demostrar que la alianza entre los sectores público y privado podía ofrecer una enseñanza de primera calidad en todos los niveles económicos.Para lograrlo, reunió al mejor equipo posible: Carlos Angulo, entonces rector de la Universidad de Los Andes; el padre Francis Wehri, rector del colegio San Carlos; y Barry McComb, director del Nueva Granada (reemplazado años después por el Gimnasio La Montaña). “Tuvimos la suerte de que Leopoldo González, quien había sido rector del Gimnasio Moderno, aceptara ser el líder de Alianza Educativa”, relata Navas.Entre los cuatro estructuraron las mallas curriculares y se presentaron a la primera convocatoria, en 2000. En esta les adjudicaron cuatro instituciones, y en la segunda, las siguientes siete. De ese modo, Alianza Educativa, una organización sin ánimo de lucro, se convirtió en uno de los casos más notables de cooperación público-privada del país. Sus líderes-gestores se encargaron de diseñar los currículos académicos y de convivencia en esas instituciones. Alianza actualmente tiene a su cargo los colegios Miravalle, La Giralda, Santiago de las Atalayas, Argelia, Las Margaritas, Jaime Garzón, Jorge Isaacs, Laurel de Cera, Parques de Bogotá, Ciudad Chengdú y El Nogal, en las localidades de Bosa, Kennedy, Usme, Ciudad Bolívar y Santa Fe. En el esquema, el Estado pone la infraestructura física, la dotación y la financiación, y ellos, el saber.“En primera instancia, tratamos de hacer que el currículo fuera mucho más preciso, sin tanta flexibilidad, sino más bien que fuera claro en objetivos de aprendizaje. En segundo término está la formación especializada y el desarrollo profesional del profesor, y tercero, la promoción de competencias socioemocionales”, afirma Raquel Bernal, rectora de la Universidad de los Andes. Ese es el “ingrediente secreto de la Coca-Cola”, dice, la nuez del asunto: formar a los maestros para que los estudiantes sean los mejores. No solo los instruyen desde el punto de vista pedagógico, sino también en habilidades interpersonales, de liderazgo y de convivencia.Así, esta “escuela de docentes” los capacita para que trabajen con los jóvenes y sus entornos. “Nosotros no matriculamos niños, matriculamos familias”, sostiene Diana Paola Basto, directora general de la iniciativa. Esto les da un plus respecto de otros profesionales, pues no solo aprenden la gestión técnica de las aulas, sino a moderar conflictos y a generar acompañamientos que van más allá de los salones. “Son procesos de formación muy rigurosos que nos orientan y nos dan herramientas para fortalecer el trabajo cotidiano de convivencia. Esto no lo he visto casi en otras organizaciones, ya que privilegian lo académico”, cuenta Daniela Ospina González, coordinadora de convivencia del Colegio Las Margaritas.En ese sentido la rectora del plantel, Slenny Silva, afirma que Navegar Seguro, el programa de Alianza Educativa diseñado para desarrollar competencias socioemocionales, le ha permitido acercarse a la comunidad. Tanto así que con esa estrategia Las Margaritas redujo en un 85% los conflictos graves en la institución y, de paso, quedó en el top 10 de los World’s Best School Prizes 2026, en la categoría de “Fomentando Vidas Saludables” de T4 Education. Pero hay otra cifra que le genera aún más orgullo a Silva: en los seis años de funcionamiento, no se ha presentado un solo caso de embarazo adolescente. “Ese enfoque nos dice que, así como es importante la academia, así mismo es importante el ser. Y si nosotros tenemos ese equilibrio, vamos a tener estudiantes exitosos”, dice.Los resultados de Alianza Educativa avalan su éxito. Después de 26 años han logrado que nueve planteles se ubiquen en las categorías más altas de la clasificación del ICFES: dos en A+ y siete en A. Además, sólo un estudiante entre 11.858 ha desertado de sus aulas. A 2025, el 88,8 % de los graduados continuaron su formación post-media, por encima de los promedios de la capital y del país. Ante estos hitos, el Congreso de la República le otorgó este año la Orden de la Democracia.“Es curioso porque esto nace como una estrategia de cobertura; nosotros la estábamos garantizando, con el compromiso de alta calidad, por supuesto. Por eso, en parte, se dan los resultados, que son impresionantes”, dice Diana Paola Basto. Más que como un plan para cerrar brechas, la idea, en realidad, surgió de un desafío casi personal de sus fundadores.A pesar de los buenos resultados, la Alianza aún tiene desafíos ajenos y propios por superar. Por ejemplo, la caída en la natalidad afecta el nivel de matrícula, los sueldos de los docentes no son tan competitivos frente a los que entrega directamente el distrito, y el número de colegios en concesión está limitado por las normas vigentes. Sin embargo, Raquel Bernal, Diana Basto y Slenny Silva coinciden en que esta “escuela de profesores”, que ya formó a más de 500 docentes, puede ser uno de los caminos hacia un mejor futuro para las nuevas generaciones, uno en el que, como dice Pablo Navas, “el talento nazca, se desarrolle y florezca con el apoyo de todos”.