Un rayo de esperanza ilumina el fondo marino de Tenerife. Uno de sus ecosistemas más diezmados, los sebadales, tiene la oportunidad de resurgir gracias a un proyecto de trasplante de semillas impulsado por la organización Innoceana, dedicada a la conservación marina. Este complejo proceso consiste, a grandes rasgos, en extraer semillas de las praderas de seba para luego plantarlas en otras que hayan perdido densidad. “Es como ayudar con más árboles a un bosque que está enfermo”, ejemplifica Carlos Mallo, fundador de la ONG.

Mallo, ingeniero civil, es una de las personas que consiguió frenar el polémico puerto de Fonsalía, una obra faraónica prevista sobre una de las joyas naturales de Canarias: la Zona de Especial Conservación (ZEC) Teno-Rasca. Esta lucha le dio en 2025 el Premio Medioambiental Goldman. Conocido como el Nobel verde, es el galardón más prestigioso del mundo para los activistas medioambientales.

Su historia con el entorno natural de Tenerife empezó en 2014, cuando se trasladó a la isla para trabajar en el anillo insular, la vía que conecta el norte con el sur de la isla. “En aquella época conocí todos los fondos de Canarias y empecé a entender el problema de los sebadales”, cuenta en una entrevista a este periódico. Con el tiempo, dejó su carrera, montó Innoceana y se mudó a las islas para trabajar por la preservación de estas praderas.