En el pequeño Estado de Granada trabajan, con apoyo europeo, en ideas viables para sacar partido a esta especie invasora, convertida en un problema ambiental, sanitario y económico, que prolifera alimentado por el calentamiento global

El problema tiene forma de una mullida alfombra marrón viscosa sobre la arena fina y blanca de Granada. Hace unos 15 años, casi nadie en este pequeño Estado insular del Caribe había oído hablar del sargazo, pese a que siempre ha estado en el fondo de los mares en cantidades necesarias y manejables. Cuando las playas comenzaron a estar invadidas por montañas de estas algas durante varios meses al año, la urgencia fue recoger este residuo que hace huir a los turistas, empobrece a las comunidades locales y provoca daños en los ecosistemas locales y problemas de salud, debido a las emanaciones tóxicas que produce en su descomposición.

Según imágenes vía satélite republicadas por publicaciones científicas, a principios de junio de este año, aproximadamente 38 millones de toneladas de sargazo flotaron hacia las costas del Caribe, una cifra récord. Año a año el volumen de algas aumenta reflejando el desequilibrio climático global. El aumento de la temperatura del océano y de la cantidad de nutrientes, procedentes sobre todo de las actividades humanas como la agricultura o aguas residuales sin tratar, han provocado en gran parte esta proliferación masiva.