NoticiaPublicado en 1996, por Vargas, Jorge Lesmes y Édgar Téllez, sobre el Proceso 8.000, se relanza a propósito del estreno de la serie de HBO que inspiró.El entonces presidente Ernesto Samper, en una diligencia en el juzgado 37 de Bogotá, donde declaró en el proceso contra el exministro Fernando Botero, por hurto de dineros de su campaña. Foto: Archivo. EL TIEMPOANALISTA SÉNIOR05.09.2026 22:01 Actualizado: 05.09.2026 22:01
A fines de agosto de 2026, mientras escribo estas líneas, se cumplen casi 30 años de la aparición de un libro que, con el respaldo entonces de Editorial Planeta, escribimos a seis manos Jorge Lesmes, Édgar Téllez y yo, respectivamente jefe de redacción, jefe de investigaciones y director de la revista Semana en aquel año de 1996. Para cuando publicamos 'El Presidente que se iba a caer', habían transcurrido más de dos años de impactantes revelaciones sobre la llegada masiva de dineros del cartel de Cali y de otras organizaciones del narcotráfico, a la campaña presidencial del candidato liberal Ernesto Samper Pizano en 1994, así como a las campañas para el Congreso de muchos de sus aliados. LEA TAMBIÉN En la recta final de la batalla electoral, entre fines de mayo y mediados de junio de 1994, la campaña samperista temía que el aspirante conservador, Andrés Pastrana Arango, lograra imponerse pues las encuestas mostraban, en las semanas previas a la definición final, un empate técnico y un impulso significativo de las posibilidades del exalcalde de Bogotá."Esto se gana con plata", me había dicho semanas atrás el exsenador liberal y exembajador Eduardo Mestre Sarmiento, quien terminaría en prisión meses después, al salir a la luz sus estrechos vínculos con los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, cabezas del cartel de Cali. 'El Presidente que se iba a caer' Foto:Intermedio EditoresY con plata ganaron. Los Rodríguez y otros capos cercanos a ellos reunieron seis millones de dólares que aportaron en cajas atiborradas de apretados fajos de billetes que, según el testimonio del tesorero de la campaña, el galerista y anticuario Santiago Medina, fueron empacadas en papel de regalo fucsia con estrellas doradas.El dinero fue masivamente distribuido a los diferentes comandos regionales de la campaña samperista y, con esos fondos, la compra de votos se multiplicó lo suficiente para que, en la segunda vuelta de la elección, Samper obtuviera 3,7 millones de votos, 150 mil más que Pastrana. La fiesta samperista por la victoria apenas duró la noche poselectoral del domingo 19 de junio, pues al día siguiente salieron a la luz varias grabaciones entre figuras vinculadas al cartel de Cali e intermediarios de la campaña samperista, donde quedaba claro que ambas partes habían convenido el ingreso de los seis millones de dólares para financiar la recta final de la contienda. LEA TAMBIÉN Para medir la importancia de esa cantidad de dinero en efectivo, fruto del tráfico de cocaína, y que, como es obvio, nunca fue registrada en los libros de contabilidad de la campaña, basta decir que el tope de gastos proselitistas que las autoridades electorales habían impuesto para cada una de las candidaturas a la Presidencia, era de 4.000 millones de pesos. A la tasa de cambio de 840 pesos por dólar que regía en junio del 94, ese límite de gastos equivalía a 4,7 millones de dólares, lo que implica que el aporte del cartel de Cali superó ampliamente el total del dinero que los samperistas gastaron de manera formal y declarada.Fernando Botero, exministro de Defensa, tras rendir indagatoría en la Fiscalía por el Proceso 8.000. Foto:Archivo. EL TIEMPOLos seis millones de dólares del cartel de Cali fueron suficientes para voltear el resultado de la votación y crear el nefasto precedente de un presidente de la República cuya elección había sido comprada por uno de los dos grandes carteles del narcotráfico, el único que sobrevivía para entonces pues el de Medellín había terminado de morir cuando Pablo Escobar fue abatido, a inicios de diciembre de 1993, en el tejado de uno de sus escondites en la capital antioqueña. Es verdad, como tantas veces fue dicho en esos años, que otras campañas habían recibido aportes de los narcotraficantes. Pero jamás en una proporción tan descomunal y decisiva para el resultado, ni como resultado de un acuerdo fríamente pactado entre los capos y los directivos de la campaña.Con la revelación de los narcocasetes al día siguiente de la victoria de Samper, sobrevino un huracán de destapes noticiosos -la mayoría de ellos, en la revista Semana- que llevó a la cárcel a decenas de congresistas, al tesorero Medina, al director de la campaña y luego Ministro de Defensa, Fernando Botero Zea, y a un puñado de samperistas más. A fines de julio de 1995, Medina confesó ante los fiscales su participación en la sucia componenda, e involucró a Botero, a otros participantes, e indirectamente al Presidente. Y para inicios de 1996, fue Botero quien aceptó colaborar con la Justicia y aseguró que Samper había estado al tanto de la criminal operación. El Presidente siempre se defendió alegando que, si el dinero había entrado a la campaña, había sido "a sus espaldas". LEA TAMBIÉN Con el acervo probatorio reunido, el Fiscal General Alfonso Valdivieso dio traslado a la comisión de acusaciones de la Cámara de Representantes, de todo aquello que involucraba a Samper con lo ocurrido, pues en elrégimen constitucional colombiano es la Cámara la encargada de decidir si el Presidente de la República debe ser enjuiciado. Meses después de la confesión de Botero –incompleta, pues él pretendía que Samper había sabido pero él, Botero, no–, la plenaria de la Cámara votó en contra de enjuiciar al mandatario y lo salvó de verse obligado a abandonar el cargo.Rescatado por la Cámara, muchos de cuyos integrantes habían sido elegidos con generosos aportes de los hermanos Rodríguez Orejuela, Samper terminó por acordar con el gobierno de los Estados Unidos –cuyas agencias antidrogas y de seguridad seguían el caso al milímetro– que restablecería la extradición de colombianos (instrumento clave en la lucha antidrogas que los constituyentes de 1991 habían prohibido) y, a cambio, recibió una única sanción: perdió su visa para viajar a las tierras del Tío Sam.Ernesto Samper, entonces candidato, habla con su asesor Fernando Botero. Foto:Archivo. EL TIEMPOPara julio de 1996 era evidente que tanto el ciclo político del caso como la cadena de revelaciones, se agotaban, y les propuse a Lesmes y Téllez escribir este libro. Para la redacción del primer borrador, pedí unas largas vacaciones al dueño y presidente de Semana, Felipe López Caballero, quien a pesar de muchos debates y diferencias, había pasado por encima de la amistad que lo unía a algunos de los involucrados, para respaldar las investigaciones. Además –justo es decirlo– revisó y mejoró muchos de los artículos.Con la ayuda de apuntes y párrafos completos de Lesmes y Téllez, intenté armar la obra en forma de reportaje periodístico más o menos cronológico y dividido en capítulos. Pero a los pocos días, comprendí que sería imposible contar la historia con esa estructura convencional. Les sugerí que, como los tres habíamos conservado agendas y diarios personales detallados sobre los pasos que dimos y los tropiezos que encontramos en el curso de más de dos años de investigaciones, pusiéramos todo eso en una larga fila cronológica y, con base en esas notas ordenadas según la fecha, armáramos la historia en forma de diario.De ese modo, conseguiríamos presentar un doble relato: el del escándalo y el del proceso interno que vivimos en Semana para destaparlo.Así lo contamos en el arranque de la introducción de aquella edición de 1996: "Este es muchos libros a la vez, pero sobre todo, es dos libros, dos historias que caminan y se entrelazan a los largo de los 24 meses que transcurrieron desde la elección presidencial de 1994 hasta la culminación del proceso al Presidente en la Cámara de Representantes. Por un lado es la reconstrucción del mayor escándalo de corrupción política de la historia de Colombia, y por el otro, el relato de cómo fue descubierto por las autoridades y por los periodistas de la revista Semana…". LEA TAMBIÉN 'El Presidente que se iba a caer' fue uno los libros más vendidos en Colombia ese año, y ameritó varias reimpresiones. Quedó desde entonces como testimonio de un éxito periodístico –el destape del escándalo–, y de un fracaso institucional: la salvación judicial y política del principal beneficiario de esos seis millones de dólares, el presidente Samper.En un país donde un escándalo sucede a otro, y de paso lo manda al olvido, el proceso 8000 tuvo una duración inusitadamente larga, pero aun así terminó por caer en la desmemoria. Y en la historia, el olvido suele servir de base a la repetición de los errores. Baste un ejemplo: 28 años después de la elección de Samper, Gustavo Petro llegó a la Presidencia gracias en gran medida a una oscura negociación –el 'Pacto de la Picota'– con bandas criminales a las que luego, desde el poder, favoreció de manera descarada con su cínica política de Paz Total. El oprobioso pacto se prolongó para las presidenciales de 2026, a favor del candidato del Gobierno Petro, el senador comunista Iván Cepeda, pero esta vez no se selló con una victoria pues Cepeda fue derrotado por el abogado Abelardo de la Espriella.Gilberto Rodriguez Orejuela, exlíder del cartel de Cali. Foto:AFPDurante años de ambigüedad, los hermanos Rodríguez Orejuela se movieron entre el desmentido, las respuestas evasivas y alguna ocasional aceptación de haber financiado la campaña de Samper.Muchas veces lo negaron. Y en la gran primicia periodística que Julio Sánchez Cristo consiguió para La W Radio en 2004, al entrevistar durante más de una hora a Gilberto Rodríguez en vísperas de su extradición a los Estados Unidos, el capo se mostró huidizo: no negó ni aceptó haber ayudado a Samper con tan multimillonaria donación.Sólo una vez los hermanos Rodríguez lo aceptaron de manera clara. En junio de 2000, dirigieron una carta al entonces presidente Andrés Pastrana, quien había obtenido su revancha en las elecciones de 1998 y las había ganado. Los Rodríguez aún estaban encarcelados en Colombia y en esa misiva, que Pastrana desempolvó 13 años después al publicar un libro de memorias, confirmaron la narcofinanciación de la campaña samperista.En la carta del 2000, los Rodríguez le dijeron a Pastrana: "Si bien es cierto, que en algún momento de nuestras vidas cometimos el error de contribuirle al señor doctor ERNESTO SAMPER PIZANO y a sus más inmediatos colaboradores, con el dinero para su campaña presidencial, NO fue a sus espaldas ni mucho menos a espaldas de los directivos de la campaña como lo pregonan en las plazas públicas. Solo lo hicimos con el deseo de que un gobierno liberal, en cabeza de los doctores ERNESTO SAMPER Y HORACIO SERPA, llevara al país por mejores rumbos basados en el progreso, la justicia social y el bien de todos los Colombianos"."Es lamentable ver como el Señor ex presidente se convierte, en su reciente libro (página 86, párrafos 2 y 3) en el 'cínico de la razón', construyendo un sofisma, que parte no de la verdad, sino del prudente silencio que hemos guardado". LEA TAMBIÉN "En este orden de ideas, le queremos expresar Señor Presidente, que hemos guardado este prudente silencio frente a todas estas situaciones incluyendo el brindis con champaña del Dr. ERNESTO SAMPER y su señora el día de nuestra captura, los improperios permanentes que recibimos cuando quieren demostrar lo indemostrable, y muchos otros actos innecesarios que poco a poco nos van relevando de la obligación de contribuir con este silencio al desarme de los espíritus".Si hubiesen dicho lo mismo en 1995 o 1996, Samper no habría tenido tanta suerte. Más allá de los procesos judiciales que siguieron al escándalo, tres décadas después es claro que la historia ha emitido su veredicto y que, en él, ese presidente que casi se cae, no se salva. Pero el olvido de muchos de quienes vivieron aquellos tiempos, y el desconocimiento de quienes no habían nacido o aún eran muy niños para seguir las noticias, ha contribuido a que Samper lleve años posando de progresista antiyanqui y haya terminado de gran aliado de Gustavo Petro quien, gran ironía, fue un duro crítico de Samper en los años noventa, justamente por la narcofinanciación de su campaña.Santiago Medina, tesorero de la campaña Samper, murió poco después de que estalló el proceso 8.000. Foto:Archivo ParticularDios los cría y ellos se juntan, reza el viejo adagio. En 2024, en medio del escándalo por los dineros sucios que llegaron a los bolsillos de Nicolás Petro, hijo del entonces presidente, Samper salió en defensa del mandatario y asimiló los casos que los involucraron. Habló de una "intención conspirativa" de las fuerzas de derecha para "golpear dos gobiernos progresistas" y sentenció que "Petro y yo somos inocentes respecto al movimiento de los dineros ilícitos en las campañas que nos eligieron".Convencidos de la importancia de rescatar del olvido una historia tan aleccionadora, los autores acordamos con Intermedio Editores aprovechar el lanzamiento de la serie de televisión El 8.000, el Presidente que se iba a caer, por HBO Max, impecablemente producida por Quinto Color y en la que colaboramos de manera estrecha, para reeditar este libro.En la introducción a la edición original de 1996, los autores escribimos: "A lo largo del diario surgen inevitables pinceladas de análisis y valoración de los hechos. Pero éstas se concentran, fundamentalmente, en el epílogo. Sin embargo, ni en los seis capítulos del diario ni en el epílogo, los autores aspiran a realizar todos los juicios de valor que este caso amerita. Esa tarea queda reservada, como corresponde, a los lectores…".Como muchas cosas más en esta historia, eso sigue siendo cierto 30 años después.MAURICIO VARGAS LINARESEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








