EntrevistaOlivier Polge, perfumista de esta casa de moda francesa, habló de los procesos detrás de la creación de una fragancia.Desde 2015 Olivier Polge es el perfumista principal de Chanel. Su papá, Jacques Polge, estuvo en el mismo cargo por más de 35 años. Foto: AFP04.09.2026 09:01 Actualizado: 07.09.2026 10:08
Llegué con buen clima, y se lo dije de entrada, confesando lo que creo es un poder personal: traer el sol es de las pocas cosas que sé hacer sin proponérmelo. La habitación, en las oficinas de Chanel en París, tenía un sofá blanco enorme y una luz de tarde que caía sin prisa sobre las cosas. Traje también algunos de mis libros, por si en algún momento se preguntaba quién era la señora rara que venía a hacerle preguntas raras.Olivier Polge es un hombre de voz baja y gestos elegantes. No parece el tipo de persona que uno imagina detrás de uno de los perfumes más vendidos del mundo y, sin embargo, lo es: desde 2015 es la nariz de Chanel, el cargo que durante treinta y siete años ocupó su padre, Jacques Polge. Creció en Grasse y de niño quiso ser pianista. No lo consiguió, lo cuenta sin drama, casi con alivio, y terminó estudiando historia del arte. Ese desvío, el de la vocación que no fue, resultó ser el hilo secreto de toda nuestra conversación. LEA TAMBIÉN Antes de empezar, hablamos de uno de mis tatuajes: un fantasma. Él se quedó mirándolo y me enseñó una palabra, rébus. Así se llama en francés ese juego de adivinar una frase a través de símbolos, leer imágenes como si fueran letras. Buen presagio para una charla sobre perfumes, que son, al fin y al cabo, otra forma de leer sin palabras. Del fantasma pasamos, sin darnos cuenta, a las películas: le conté de una que amo, A Ghost Story, una historia sobre cómo nos quedamos rondando a los vivos y él recordó otra de fantasmas en la que había que cerrar cada puerta al pasar y solo al final entendías que esas personas estaban muertas. Le dije que soy escritora, y que la perfumería me acompaña desde niña: crecí con mi madre y con una tía adicta a los perfumes, que ya no está y que fue, mientras vivió, mi manera de entrar en ese mundo. Por eso estar ahí, oliendo algo que nadie había olido todavía, se parecía a un sueño cumplido.—Me alegra conocer a una escritora —dijo—, porque yo sé crear aromas, pero hablar de ellos es otro oficio. Estoy seguro de que escribir sobre perfumes no es fácil.No lo es. Pero voy a intentarlo.Olivier Polge creció en Grasse. Foto:ChanelDentro del frascoOlivier me invitó a oler el nuevo perfume. La creación de la que veníamos a hablar, que la casa bautizó Coco Mademoiselle Crush Absolu, es dulce, ambarina, con algo que impacta de inmediato en cuanto la hueles.—Es una nota ambarina —explicó—. Mi idea era que se inscribiera en una de las tres facetas de nuestro estilo. Coco representa el perfume ambarino y amaderado. Esta creación entra en esa categoría, pero de una manera mucho más frutal.Le pregunté por la toronja, que se sentía nítida. Asintió: toronja, y algo más. Si tuviera que dividir el perfume en piezas, me dijo, esa combinación ambarina y amaderada sería una de las dos que lo definen, el resto es pachulí y vainilla trenzados con notas frutales. De esa suma y no de un solo ingrediente nace su identidad.Ahí apareció una de las claves de su manera de pensar. Yo había estudiado sus entrevistas (hago la tarea) y sabía que en alguna había dicho que un perfume está hecho de tensión más que de perfección. Le pedí que me explicara dónde vive esa tensión.—Hay una que me gusta mucho: la que existe entre las notas suaves y empolvadas —entre las que incluiría incluso las frutas— y las maderas. Algo suave y vibrante al mismo tiempo. Creo que eso es lo que vuelve interesante a un perfume. Y no hay reglas: qué lo hace bueno o malo es dificilísimo de explicar; no existe un manual que te diga qué combinar. Pero siempre hay que crear un contraste.Le dije que eso era exactamente la tensión. Y añadió una idea que ordena todo lo que Chanel hace con los olores:—Tenemos gusto por perfumes con cierta complejidad. No creamos aromas ligados a una sola materia prima. Nunca verás una rosa de Chanel ni una flor de azahar de Chanel, sino siempre la incorporación de materias distintas, para que la identidad sea más compleja, más abstracta y, probablemente, más misteriosa. LEA TAMBIÉN La última creación de Polge es el Coco Mademoiselle Crush Absolu. Foto:Chanel.La música que no fueQuise hablar de él antes de entrar del todo en el aroma. Tocabas el piano todos los días, le dije. Ya no, respondió, aunque le encantaría. Ama la música. Yo soy escritora, quise ser actriz, hago muchas cosas a la vez y le pregunté si sentía que componía cuando trabajaba en un perfume: si pensaba en ritmo, en tempo, en partitura.—Es difícil de explicar, pero hay algo muy cierto ahí. El paralelo es obvio: música y perfume son completamente inmateriales, y ambos abren muy rápido la puerta a la fantasía en tu mente. Si tuviera que explicar qué me empujó hacia la perfumería, fue probablemente que mi sensibilidad ya estaba volcada en la música. Hay palabras que compartimos: cuando hablas de una materia prima, puedes decir que es una nota. El aroma y la música tocan tu sensibilidad de un modo muy cercano, e inconsciente también.De ahí pasó a algo que no he dejado de pensar desde entonces:—Creo que el olfato es el sentido más inconsciente que tenemos. Esa es quizá la parte más desafiante del entrenamiento si quieres ser perfumero: tenemos una memoria increíble de los olores, pero está en un lugar del cerebro que no usamos. La mayor parte del trabajo consiste en desarrollar la conexión entre tu nariz y tus recuerdos, porque no viene hecha. No se trata de oler mejor, de oler como un perro. Yo no huelo con más precisión que tú, solo tengo mi mundo olfativo más organizado.Esa idea de tener una biblioteca de olores me voló la cabeza. Hablamos un poco acerca del poder de la música y al mismo tiempo de los perfumes: tocan a la gente de una manera visceral, hay una capacidad de llegar a lo más hondo. Me parece que es bastante poderoso crear un aroma que conmueve, que uno pueda, sin querer (o queriéndolo), meterse al universo emocional de las personas. Le confesé, porque era verdad, que andaba con el corazón roto en ese momento y que si caminando por la calle alguien llevara el perfume de esa persona, yo lloraría de inmediato.—Me gusta lo que dices —contestó—. Hay algo de intimidad cuando hablamos de perfume. En algún punto, el aroma se funde con tu personalidad, o con la de alguien querido, y lo asociamos muchísimo. Algo íntimo, profundo y muy poderoso.—¿Reconoces ese poder en tus manos? —le pregunté.—No del todo. No estoy seguro de que todo el mundo esté abierto a ese tipo de emoción.Abandonar, no terminarComo escritora, le dije, siento que un libro nunca está terminado, siempre podría seguir editando. Yo digo que abandono los libros, no que los termino. ¿Le pasa con los perfumes?—Sí, en cierto modo. Pero tengo la sensación de que en algún momento puedes decir: está listo para ir a la botella. Y por otro lado, podría trabajar sin parar en el mismo tipo de aroma. La suerte, para mí, es que trabajo dentro del marco de una compañía, y eso le pone un límite al trabajo. Las pocas veces que intenté crear un aroma para mí, sin ninguna frontera, no fui capaz de terminarlo. Ni siquiera de quedar satisfecho.Le pregunté por la soledad dentro de un equipo grande. El suyo lo es porque su oficio tiene dos caras: crea aromas nuevos y, a la vez, fabrica los que ya existen. En la parte creativa, me explicó, están organizados como un taller.—Trabajamos en una casa de moda, fundada ante todo por una diseñadora, y no sé si eso explica que funcionemos como un estudio de creación, del cual soy la cabeza. Puedo intercambiar, dar mis puntos de vista para que el aroma evolucione hacia donde lo veo. Pero ha sido un largo camino, quizá más viniendo de una personalidad introvertida como la mía.¿Es raro si te pregunto tu signo?, le dije. Tendrías que adivinar, me retó. Sonrió: leo. ¡Leo!, y encima introvertido, algo que nunca había visto. Resultó, además, que es ascendente leo, y que en el horóscopo chino es tigre. Yo soy acuario, signos hermanos, le dije, y él recordó a una perfumista con la que trabajó al principio, de signo de aire, que le juraba que los mejores perfumeros eran justamente de aire.Un ‘crush’Entré por fin en el perfume. Le pedí la primera imagen, sensación o palabra que tuvo en la cabeza antes de componer.—Es una pregunta difícil porque tienes que estar muy concentrado en el aroma. Las palabras, las imágenes pueden ser fronteras que pones entre tu olfato y tú mismo. Tiene que empezar por un aroma. Y yo estaba inspirado: quería trabajar alrededor del ámbar.Le dije lo que pienso: que cada perfume de Chanel tiene un nombre que funciona casi como un poema de una sola palabra. Los nombres son dificilísimos, respondió, porque son palabras. Esta vez no vino primero el nombre, sino el aroma, él tenía Coco, y a su primera fórmula la llamó Coco Crush.—Es curioso, porque hoy crush es una palabra que mucha gente usa en Francia, casi se está volviendo francesa. Si tienes veinte años, ya no dices que estás enamorado: dices que tienes un crush.¿Entonces esto gira alrededor del amor?—Yo no lo habría dicho así, pero quizá muchos perfumes giran alrededor de eso. Para mí, todo perfume gira, de alguna manera, alrededor de uno mismo. Igual que tu forma de hablar, de vestir o los tatuajes que llevas dicen algo de ti, elegir un perfume debería hacerse con la misma profundidad. En un mundo perfecto, eliges un perfume para expresar algo de tu personalidad.Por eso le incomodan las preguntas de marketing, las que buscan decidir para quién es una fragancia. Lucha contra esa pregunta, admitió, porque teme que la gente quiera meter el perfume en una caja. Y le encantaría sorprenderse: que alguien inesperado lleve su aroma. LEA TAMBIÉN El olor de la infanciaAl final le pregunté cosas sin respuesta correcta, que son las que más me gustan. Si tuviera que describir el olor del amor y el de la alegría, ¿qué notas tendrían? Haría una diferencia entre los dos, aunque uno lleve al otro, dijo: vería el amor con más profundidad, y la alegría con más chispa.Tú quisiste ser pianista, le recordé, yo quise ser actriz y terminé escribiendo. ¿Crees que las vocaciones que no perseguimos se filtran en las que sí? ¿Se puede oler la música en tus perfumes? Indirectamente, sí, contestó: ambas resuenan en sus sentimientos.Y cuando pensaba en su infancia, ¿había un olor capaz de transportarlo?—Sí. Mi familia venía del sur de Francia y yo pasaba allá todo mi tiempo libre. Tengo muy presentes esos aromas de la naturaleza mediterránea: el tomillo, la salvia, la lavanda. Mis abuelos vivían junto a una colina. Son los olores del sur. En algún momento intenté hacer un perfume que evocara eso, pero ese es el tipo de perfume que nunca terminas.Ahí, creo, estuvimos por fin de acuerdo del todo: hay cosas con las que nunca quedaríamos lo bastante satisfechos y por eso mismo no las soltamos. Le pregunté si había algo que hubiera deseado que le preguntara. Estoy bien así, dijo. Yo también. Afuera seguía el sol que yo había prometido traer y pensé que un perfume, como un fantasma, es sobre todo eso: una manera de quedarse rondando después de que la persona ya se fue.AMALIA ANDRADE (*)Especial para EL TIEMPO(*) Escritora, periodista e ilustradora colombiana. Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








