Las conversaciones informales pueden parecer poco importantes, pero cumplen una función mucho mayor de lo que muchas personas creen. Hablar sobre un viaje, el clima, los deportes o cualquier otro tema cotidiano puede ser una oportunidad para establecer vínculos, hacer nuevas amistades e incluso mejorar las relaciones profesionales. El problema es que muchas personas cometen un error que termina cambiando por completo el rumbo del diálogo.Jefferson Fisher, abogado especializado en lesiones personales y creador de contenido sobre comunicación, se ha vuelto popular en Instagram por compartir consejos para “ayudar a las personas a discutir menos y hablar más”. Mientras promocionaba su libro The Next Conversation: Argue Less, Talk More, explicó cuál considera que es el principal error durante las conversaciones informales.“Sin darse cuenta, devuelven la conversación hacia sí mismos demasiado rápido”, explicó Fisher a Parade. Según el especialista, se trata de un impulso natural: queremos demostrar que comprendemos a la otra persona y buscamos establecer una conexión, pero podemos terminar apropiándonos de la conversación.El experto puso un ejemplo sencillo. Si alguien comenta que acaba de regresar de un viaje a Italia, una respuesta habitual podría ser: “Oh, he estado en Italia varias veces, es genial”. Aunque la intención no sea negativa, esa respuesta puede hacer que la otra persona sienta que su experiencia quedó relegada a un segundo plano. En lugar de conocer más sobre su viaje, el diálogo pasa inmediatamente a nuestra propia historia.Jefferson Fisher sostiene que el problema aparece cuando alguien lleva demasiado rápido el diálogo hacia sus propias experiencias. (Foto referencial: Freepik) Una pregunta puede cambiar toda la conversaciónFisher recomienda resistir ese impulso y mantener el interés en la persona que está hablando. “En cambio, concéntrate en ellos. Haz preguntas abiertas como: ‘Qué maravilloso, ¿cuál fue tu parte favorita?’”, señaló. “Las conversaciones triviales no consisten en impresionar a las personas, sino en hacerlas sentir vistas y escuchadas”, agregó. Esta idea coincide con una conocida recomendación de Dale Carnegie, autor del clásico Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. Carnegie resumió su estrategia de una manera sencilla: “Para ser interesante, interésate”. La propuesta puede parecer contradictoria, pero plantea que escuchar con atención puede resultar mucho más efectivo que intentar convertirse en la persona más entretenida de la conversación.Escuchar con atención y demostrar interés puede ser más efectivo que intentar impresionar con nuestras propias historias. (Foto referencial: Freepik) Harvard encontró una pista sobre cómo caer mejorLa importancia de hacer preguntas también ha sido estudiada científicamente. Investigadores de Harvard descubrieron que las personas tienden a agradar más cuando, después de responder una pregunta, reciben otras preguntas relacionadas. Es decir, no basta con preguntar dónde pasó alguien sus vacaciones: también se puede profundizar preguntando cuál fue su ciudad favorita o qué lugar recuerda especialmente.“Identificamos una relación sólida y consistente entre hacer preguntas y agradar”, escribieron los autores del estudio. “Las personas que hacen más preguntas, especialmente preguntas de seguimiento, son mejor valoradas por sus interlocutores”.La razón parece sencilla: las preguntas adicionales transmiten que realmente estamos prestando atención. “Las preguntas de seguimiento son una forma fácil y eficaz de mantener la conversación y demostrar que quien pregunta ha prestado atención a lo que su interlocutor ha dicho”, explicaron los investigadores.Al principio puede resultar extraño acostumbrarse a preguntar más y hablar menos sobre nuestras propias experiencias; sin embargo, la estrategia también elimina parte de la presión que muchas personas sienten cuando intentan parecer interesantes. En vez de pensar constantemente en la próxima historia con la que sorprenderán a los demás, pueden concentrarse en escuchar, preguntar y descubrir qué tiene que contar la otra persona.