Washington (EFE).- La última amenaza de Donald Trump consiste en imponer posibles embargos comerciales para presionar a la Fed a bajar los tipos de interés; antes amenazó con anexionar Canadá y Groenlandia, recuperar el canal de Panamá, apropiarse de Gaza o destruir la civilización iraní. Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente de EE.UU. ha convertido las amenazas maximalistas en una herramienta recurrente de su Gobierno.
Ese modelo alcanzó un nuevo nivel cuando Trump advirtió a la Reserva Federal (Fed), una institución independiente, de que si no reduce los tipos de interés, dejará de comerciar con países con los que Estados Unidos mantiene déficits, con la errada premisa de que importar bienes es equivalente siempre a perder dinero.
«Podríamos hacernos un enorme favor simplemente dejando de comerciar con países», dijo el mandatario, que puso como ejemplo a la Unión Europea y añadió que Estados Unidos debería tener los tipos de interés «más bajos del mundo».
Consecuencias extremas para amigos y enemigos
La declaración resume una estrategia utilizada repetidamente durante los casi veinte meses transcurridos desde su segunda investidura: plantear inicialmente consecuencias extremas, desde aranceles prohibitivos hasta la absorción territorial o la destrucción militar, para presionar a Gobiernos, instituciones o individuos.










