La sala del ninfeo de Ulises y Polifemo, en la domus Aurea de Nerón

ERCO illuminazione

Pedro Ángel Fernández Vega

Las casas de las figuras públicas entraron en el debate político ya en tiempos de la Roma republicana. Un magistral orador, Lucio Licinio Craso, culminaba en el año 92 a. C. su carrera política como censor en Roma cuando su colega en el cargo, Cneo Domicio Enobarbo, lo puso en evidencia. Como censores les correspondía, además de elaborar el censo de ciudadanos, velar por la moral y las buenas costumbres, y censurar, llegado el caso, los comportamientos inadecuados de los romanos. En estas circunstancias, Enobarbo le echó en cara a Licinio Craso que viviera en una casa valorada en seis millones de sestercios.

Se trataba de una gran casa en el Palatino, la zona más cotizada en Roma. Con un millar de metros cuadrados en planta baja, la casa contaba con un patio sostenido por seis columnas de 12 pies de altura (unos 3,6 m). Las había mandado tallar en las canteras del monte Himeto, en la región del Ática griega, y llegaron a Roma para formar parte de la escena de un teatro provisional. Luego, las había aprovechado para su casa.