“En 1949, cuando se cerró el casino, bajaron el piano de cola descolgándolo con poleas por el balcón”. El cronista oficial, José Ángel Márquez, rememora una de las anécdotas más populares en Almazán acerca del Palacio de los Hurtado de Mendoza, piedra angular del paisaje urbano de esta villa soriana (5.693 habitantes), que el martes por la mañana se despertó con el derrumbe de dos plantas y parte de la fachada posterior del edificio histórico.

Su antiguo uso como casino —en la época, era uno de los tres que había en el municipio—supuso uno de los escasos momentos en que los vecinos pudieron acceder al interior y disfrutar de algunas de sus estancias. Los propietarios de este conjunto gótico del siglo XV —que se amplió en el XVI en estilo renacentista— han mantenido cerrado al público cualquier tipo de acceso en las últimas décadas. Una circunstancia contraria a su declaración de bien de interés cultural (BIC) en 1991, una protección que obliga a los dueños a mostrarlo de forma regular. Ese hermetismo no ha mermado ni un ápice la devoción por “el palacio”, como lo conocen los habitantes de Almazán. “El derrumbe ha sido una tragedia”, reconoce Márquez, resumiendo la reacción de sus convecinos a lo ocurrido.