SergioLozanoBarcelona 04/09/2026 23:25 Actualizado 05/09/2026 07:38 Síguenos en Google0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialApenas hace un año que Aitana reunió a más de 45.000 personas en el Estadi Olímpic, y este viernes ya comenzó a superar ese récord con el primero de sus cuatro Sant Jordis. “Es una locura”, afirmó la propia artista, que reconoció los nervios que le provoca cantar “en casa”. Y aunque el profesor John Keating de El club de los poetas muertos ya advirtió de los peligros de traducir las emociones en cifras, no cabe duda de que algo emocionante sucedió este viernes dentro del Cuarto azul.Dividida en cinco bloques que recorren las horas del día, el show arrancó con el desamor danzarín de 6 de febrero que Aitana interpretó a ritmo pausado, tumbada en la cama del cuarto azul. Aunque en realidad podría haber hecho el pino puente si quisiera, que el público la habría aclamado igual, con la misma fuerza con que cantó hasta la afonía casi todo lo que se escuchó en la calurosa noche del viernes, donde abundaron abanicos más que los lightsticks , los bastones luminosos que a la manera coreana llevaban muchos fans de la catalana.‘Cuarto azul’ centró un espectáculo que dio mucha importancia a las pantallas con una omnipresente AitanaEl escenario, detallista y teatral hasta el punto de incluir un pequeño vestidor, dio primacía a las pantallas, enfocando una y otra vez a la artista con calculados y continuos primeros planos que casaban con temas que, como 24 rosas, interpretaba sola sobre el escenario, entre el dominio escénico y el egocentrismo. En ocasiones las pantallas eran la única forma de seguir la actuación, caso de la homónima Cuarto azul, que interpretó tumbada en la cama con unas cortinas que la ocultaban del público, visible solo a través de los leds. Mientras, el cuerpo de baile mezclaba coreografías clásicas con movimientos más estáticos y escénicos, muy ensayados en Trankis, o Música en el cielo, dedicada a su abuelo, y que denotan la influencia de lo hecho por Rosalía en la gira de Lux.Sin nuevo material que presentar, la actuación se convirtió en un eterno retorno del universo Aitana, el pop alegre de Segundo intento, el coqueteo de Duele un montón despedirme de ti, el sonido disco de miamor –con el presuntamente polémico movimiento sexual en el baile– o las baladas de guitarra obligada como +, de su segundo disco.Lee tambiénVestida de rosa claro, angelical como su voz, con falda de tul y botas de caña alta, la protagonista acometió su espectáculo tal y como Bruce Springsteen ejecuta Born to run, bajo amenaza de traición por parte de su público si se salta algún paso. Y es que un artista no necesita soplar 70 velas para añadir una pátina de nostalgia a sus canciones. El sonido retro de Los Ángeles, las referencias noventeras en Las Babys o el ritmo sencillo y magnético de Mon amour sonaron de este modo, como si tuvieran muchos más años de los que realmente suman. Igual pasó con Vas a quedarte, canción melódica lejos del synth pop que predominó en la velada, maltrecha por el deficiente sonido del Sant Jordi.Una lista de piezas consolidadas que desde el pasado verano incluye Superestrella, himno oficioso del Mundial de fútbol que ganó España y que, de tanto escucharla, se ha convertido en otro clásico con el que la artista cerró su regreso triunfal a Barcelona.